A finales de febrero de 2025, un grupo de nuevos directivos de los 9 colegios jesuitas de Colombia se reuni en Bogot para vivir su proceso de induccin. Casi un ao despus, al iniciar un nuevo ao, esa experiencia nos recuerda que los comienzos cobran sentido cuando se viven en compaa.
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Cada inicio trae consigo una emocin particular, enero llega cargado de expectativas, de propsitos que se renuevan, de una sensacin colectiva de posibilidad. Algo en el calendario nos invita a creer que empezar de nuevo es posible, que podemos ajustar el rumbo, volver al centro, ensayar mejores versiones de nosotros mismos.
Curiosamente, el ao no tiene induccin. Nadie nos explica cmo vivirlo, cmo habitarlo con sentido. En cambio, las organizaciones saben que los comienzos necesitan cuidado. Este es el sentido de los procesos de induccin: espacios para acoger, orientar y, sobre todo, para ayudar a comprender que iniciar no es solo ocupar un cargo, sino entrar en una historia que vena antes de nosotros y comprender que nuestra voz en ella es pertinente, por eso fuimos seleccionados.
Tal vez por eso, aunque haya ocurrido a finales de febrero de 2025, recordar hoy al inicio de un nuevo ao el proceso de induccin vivido por un grupo de directivos de los colegios de la Compaa de Jess en Colombia resulta no solo pertinente, sino profundamente significativo.
Durante tres das, en Bogot, en la sede de la Asociacin de Colegios Jesuitas de Colombia, ACODESI, se encontraron mujeres y hombres provenientes de nueve colegios en siete ciudades del pas. Con diferentes perfiles y responsabilices, acadmicas, administrativas, de pastoral. Todos compartan algo esencial: tenan nuevas responsabilidades y muchas inquietudes.
La Compaa de Jess trabaja en modo red. Una red que se despliega a nivel global a travs de las diferentes provincias; que se articula regionalmente mediante FLACSI, la Federacin Latinoamericana de Colegios de la Compaa de Jess; y que, en Colombia, se concreta en ACODESI, una red que celebra ya treinta aos de camino compartido. No se trata solo de una estructura organizativa, sino de una manera de comprender la misin: articulada, colaborativa y viva.
Ese espritu de red se hizo palpable desde el inicio de la induccin. Lejos de ser un espacio tcnico o meramente informativo, el encuentro fue concebido como una experiencia de reconocimiento mutuo. Un recordatorio explcito de que nadie entra solo, de que otros en distintos lugares del pas estn viviendo procesos similares, con preguntas parecidas y con la misma mezcla de ilusin y responsabilidad.
Muchos de los participantes comenzaban apenas a descubrir qu hace particular a sus colegios. Poco a poco fueron reconociendo que esa particularidad no los aislaba, sino que los vinculaba. Los colegios jesuitas comparten un modelo pedaggico inspirado en la espiritualidad ignaciana: una invitacin constante a buscar el propsito, a discernir, a pensar el sentido profundo de lo que se hace y su sentido para con otros.
El encuentro cont con la presencia del equipo de ACODESI: Delimiro Ramn Jaime, Javier mar Snchez y Luis Roberto Rivera, de su presidente, el padre Rodolfo Eduardo Abello, SJ, as como de rectores: el padre Gerardo Villota, SJ, del Colegio San Francisco Javier de Pasto; el padre Juan Pablo Gonzlez, SJ, rector del Colegio Mayor de San Bartolom; el padre Santiago Tobn, director de pastoral del mismo colegio; y el padre Hermann Rodrguez, SJ, provincial de la Compaa de Jess en Colombia. Su acompaamiento transmita un mensaje claro: este inicio importa y merece atencin y cuidado.
Uno de los aprendizajes ms llamativos de la induccin fue, quiz, su carcter contra intuitivo. En lugar de insistir en la obediencia como valor central en una organizacin jerrquica, se invit reiteradamente a los nuevos directivos a ser proactivos, a tomar iniciativa para avanzar en la misin. La misin de la Compaa de Jess en Colombia la reconciliacin y la justicia no se alcanza desde la pasividad ni desde la mera administracin.
Todos los participantes ocupaban cargos de liderazgo, y ese dato no es menor. Al ingresar a un colegio jesuita no se entra nicamente a una institucin educativa: se ingresa a un cuerpo apostlico. Un cuerpo que avanza en la misin desde mltiples frentes educacin, espiritualidad, accin social, centros de pensamiento y que entiende que cada rea, cada rol, aporta desde su especificidad a un propsito comn.
Durante uno de los espacios del encuentro, el padre Santiago Tobn comparti una reflexin que qued resonando: gestionar colegios no es un negocio. Es un trabajo exigente, arduo, que deja canas, y que solo puede sostenerse de manera colectiva. Nadie puede cargar solo con esa tarea. De ah la insistencia en el trabajo en red, o, como se dijo con cercana, en la necesidad de enredarse.
Este modo de proceder tiene races profundas. La Congregacin General 36 de la Compaa de Jess hizo un llamado explcito a trabajar en red, entendiendo que los desafos actuales superan cualquier esfuerzo aislado. Trabajar en red implica acuerdos ms que imposiciones, aprendizaje compartido y la conviccin de que la experiencia de unos puede enriquecer el camino de todos.
Como lo expres el padre Abello, valoramos la unicidad de cada colaborador, pero ustedes son mucho ms juntos. Esa afirmacin se hizo concreta en los espacios del encuentro, donde se propici la mezcla, la conversacin y el compartir. La red no se imagina: se teje en la relacin.
Incluso la arquitectura de los colegios da cuenta de esta lgica: espacios pensados para el encuentro, salas que invitan a reunirse, lugares diseados para conversar. Porque la red no es una abstraccin; se construye desde lo cotidiano.
Uno de los momentos ms elocuentes de la induccin ocurri de manera sencilla. El padre provincial, Hermann Rodrguez, SJ, lleg a saludar a los nuevos directivos y los acompa a un almuerzo. No hubo un saludo colectivo. Hubo, en cambio, un gesto personal con cada uno: un apretn de manos, un abrazo, un saludo cercano. Uno a uno. En ese gesto silencioso pareca condensarse todo lo vivido: pertenencia, una misin que se construye desde la cercana.
La induccin invit tambin a pensarse ms all de lo individual y ms all de los muros. A valorar lo construido sin apropirselo. Los colegios no son de los funcionarios, ni de los jesuitas, ni de los profesores: son de las comunidades. Son lugares vivos, donde pasan cosas, donde se entrecruzan historias, bsquedas y esperanzas.
Aqu la productividad no se mide con los parmetros clsicos de una empresa comercial. Se mide por el impacto en la misin. Por la capacidad de generar pertenencia, de construir comunidad, de cultivar espiritualidad, de trabajar por la justicia social y la ecologa integral. Entrar a este trabajo es entrar a algo mucho ms grande que un colegio: es entrar a un cuerpo apostlico colaborativo, coordinado y articulado.
Como record el padre Rodolfo, esta articulacin debe reflejarse en los procesos, en la capacidad de romper egos institucionales y de cuestionar el imaginario de que somos tan distintos. A pesar de los contextos diversos y de las desigualdades reales, es la espiritualidad ignaciana la que otorga identidad comn y, sobre todo, alegra.
Al cerrar esos tres das de induccin, la sensacin compartida era clara: esperanza. La alegra serena de saberse parte de una red viva. La certeza de que comenzar no es hacerlo en soledad. Y hoy, al inicio de un nuevo ao, esa experiencia vuelve a recordarnos algo esencial: cuando comenzamos juntos, la misin no solo avanza; florece.
Iniciemos el nuevo ao, juntos, con esperanza y la misma energa de nuestra induccin.