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La Renovación Ignaciana de las Instituciones Educativas según la Congregación General 34

La Renovación Ignaciana de las Instituciones Educativas según la Congregación General 34

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Las orientaciones y decisiones de la reciente Congregación General 34 (máximo organismo legislativo de la Compañía de Jesºs) abren un horizonte de profundización para el proceso de Renovación Ignaciana en preparación del tercer milenio. A modo de inventario, se incluyen aquí algunas de sus principales implicaciones. En los próximos años, estas líneas de acción tendrán que verse integradas en el perfil de nuestros Colegios.

1. La CG 34 confirma y enriquece la misión de la Compañía hoy:

"Así, el fin de nuestra misión, (el servicio de la fe), y su principio integrador (la fe dirigida hacia la justicia del Reino) están dinámicamente relacionados con la proclamación inculturada del evangelio y el diálogo con las otras tradiciones religiosas como dimensiones integrales de la evangelización".

-Decreto Servidores de la Misión de Cristo, n. 15).

2. Esta formulación de la Misión de la Compañía de Jesºs hoy integra mejor a nuestros Colegios concebidos como "instrumentos apostólicos" y redimensiona nuestro trabajo de pastoral y catequesis. De hecho:

"La proclamación del Evangelio en cada contexto particular debe siempre hacerse a cargo de las características culturales, religiosas y estructurales, pues no es un mensaje que viene de fuera, sino un principio que, desde dentro, "anima y dirige y unifica la cultura, transformándola y rehaciéndola de modo que pueda engendrar una nueva creación".

-Ibid, n.16.

3. En el decreto Nuestra Misión y la Justicia, nos reclama un compromiso por la justicia y los pobres. Nos los presenta como un don de Dios. Afirma (n.2) que "nos ha faltado coraje para tomar las decisiones que nuestra misión de fe que busca la justicia, exige, para el cambio de nosotros mismos y de nuestras instituciones".

Nos indica que la lucha por la justicia es una opción por el cambio, una opción por la vida, por la defensa y promoción de los derechos humanos, por la construcción de la Paz, de la convivencia y de la solidaridad. Parece interpelarnos a que no vivamos en Colombia como si estuviéramos en otro país (nos.4-10).

Nos invita a la movilización y al compromiso. Indica que necesitamos comunidades de inserción y una continua experiencia con el pobre para llegar a sensibilizarnos plenamente (nos.17-18).

Nos da criterios para evaluar nuestras instituciones a la luz de nuestra misión:

"La evaluación institucional del papel que juegan en la sociedad; el examen de sus estructuras internas y de sus políticas en orden a que ellas reflejen nuestra misión; la colaboración y el intercambio con instituciones afines de diversos contextos sociales y culturales; la formación continua de los colaboradores en lo que respecta a la misión".

-n.21.

Indica que:

"La creación de comunidades de solidaridad que busquen la justicia necesita llevarse a cabo en todos nuestros diferentes apostolados".

-n.19.

Nos propone estas maneras u otras de trabajar por la justicia en nuestro apostolado:

"a) con el servicio y acompañamiento directo a los pobres; b) con la toma de conciencia de las demandas de la justicia y la responsabilidad social de realizarla; c) con la participación en la movilización social por la creación de un orden social más justo".

- Ibid.

Concluye este decreto con una afirmación vehemente:

"La promoción de la justicia significa una llamada para que la Compañía se inserte cada vez más profundamente en la vida concreta de los pueblos y de las naciones, como son realmente y como nosotros pensamos que debería ser".

-n.24.

4. En el decreto Nuestra Misión y la Cultura, la Congregación nos indica el horizonte de la inculturación asumido como dimensión de la justicia e integrante de nuestra Misión. Afirma que la opción por el pobre es una opción por su cultura, para que el Evangelio le transforme desde dentro en su propia cultura (n.2 y 28).

Reconoce los errores que hemos tenido en la proclamación del Evangelio a través de todos nuestros apostolados y quiere que nos corrijamos. "Con frecuencia los evangelizadores jesuitas no se han insertado en el corazón de la cultura, sino quedan permanecido como presencia extranjera. No hemos descubierto en nuestra misión los tesoros de la humanidad, de profundidad, de trascendencia y los valores de otras culturas que son fruto de la acción del Espiritu. A veces en una cultura particular, nos hemos alineado con la 'cultura superior' de las élites que despreciaban las culturas de las comunidades pobres o indígenas y, a veces, debido a nuestra pasividad, hemos permitido que fueran destruidas" (n. 12).

Indica que "una evangelización incultura en contextos 'postcristianos' apunta, no a secularizar o diluir el Evangelio acomodándolo al horizonte de la modernidad, sino a introducir la posibilidad y la realidad de Dios a través del diálogo y de un testimonio en acción" (n.22). Afirma, en este contexto que "no es que haya muerto la vida espiritual; es que simplemente se desarrolla fuera de la Iglesia" (n.21). Y nos aclara que la "llamada a una evangelización inculturada no es solamente para los que trabajan en otros países. Nuestro trabajo tiene siempre un contexto cultural concreto, con rasgos positivos y negativos que deben ser trabajados por el Evangelio" (n.27).

Concluye con una interpelación cuestionante: "corresponde lo que hacemos y decimos a lo que las personas a nuestro alrededor necesitan real y urgentemente para relacionarse con Dios y con los demás? Si la respuesta fuera un "no" rotundo, ello significaría que no estamos comprometidos a fondo con la vida de las personas a las que servimos"(Ibid.).

Nuestras obras educativas "en particular, juegan un papel importante en el diálogo de la fe cristiana con los cambios de las culturas contemporáneas y tradicionales" (n.28) y, por esto, "es importante integrar la dinámica de la inculturación en la renovación apostólica de los jesuitas y de sus colaboradores. Esto es esencial para lograr la conversión de nuestro corazón y para redescubrir la vitalidad del Evangelio en su diálogo con la cultura" (...)."Debemos buscar también la manera de crear una teología, liturgia y espiritualidad autóctonas"(ibid).

5. El decreto sobre la Misión y el Diálogo interreligioso nos abre también un gran horizonte de renovación hacia el futuro con grandes consecuencias en nuestro apostolado educativo. "Por el diálogo interreligioso hacemos a Dios presente entre nosotros; cuando nos abrimos al diálogo con otros, nos abrimos nosotros mismos a Dios" (n. 5). Nos propone las cuatro vertientes del diálogo recomendadas por los recientes Papas y Obispos:

5.1. El diálogo de la vida, en el que las personas se esfuerzan por vivir en un espíritu de apertura y de buena vecindad, compartiendo sus alegrías y penas, sus problemas y preocupaciones humanas.

5.2. El diálogo de las obras, en el que los cristianos y las restantes personas colaboran con miras al desarrollo integral de la gente.

5.3. El diálogo de la experiencia religiosa, en el que las personas enraizadas en sus propias sus riquezas espirituales, por ejemplo, en lo que se refiere a la oración y la contemplación, la* fe y las vías de bºsqueda De Dios.

5.4. El diálogo de los intercambios teológicos, en el que los expertos buscan profundizar la compresión de sus respectivas herencias religiosas y apreciar recíprocamente sus valores espirituales. (n.4).

Así, "nuestra proclamación del Evangelio debe ser sensible al trasfondo religioso y cultural de aquellos a quienes se les ha dirigido, y atentos a los "signos de los tiempos' en donde se expresa el Espíritu..." (n. 9.4).

Concluye el decreto proponiendo estas orientaciones:

"nuestras instituciones educativas deberían concientizar a nuestros estudiantes acerca del valor de la colaboración interreligiosa e inculcar en ellos una comprensión básica y un respeto por la visión de la fe de los miembros de diversas comunidades religiosas locales, al mismo tiempo, que ayudarles a profundizar su propia respuesta de fe ante Dios" (n. 9.8).

En la misma dirección y. como complemento a lo anterior, proponemos aquí los Diez Mandamientos del Tercer Milenio. (Cfr. Buhlmann Walbert, Ojos para Ver, un cristiano ante el tercer milenio, Herder, 1990, p.42).

A. Frente a los Problemas actuales de la Iglesia.

  • Dejaréis que prevalezca la sana razón del hombre: la autonomía de las ciencias.
  • Os tomaréis en serio como pueblo de Dios: los seglares en la iglesia.
  • Tenderéis la mano a vuestros hermanos en Cristo: el ecumenismo.

B. Frente a los problemas continentales.

  • Os pondréis de lado de los pobres: justicia (aporte latinoamericano).
  • Admiraréis la amplitud del creador: inculturación (aporte de Africa).
  • Reconoceréis el 'Aquí estoy' de todos los pueblos: diálogo interreligioso (aporte de Asia).
  • Acompañaréis a los nómadas religiosos: secularización (Euroamérica).

C. Frente a los problemas mundiales.

  • Retorzaréis las filas de los pacificadores: Justitia et Pax.
  • Desarrollaréis la tierra hasta hacerla un paraiso: ecología y escatologia.
  • Saldréis al encuentro del Dios de la historia: mística y política.
  • Estos tres decretos son como la identidad de nuestros Colegios en el siglo XXI a partir de la justicia, de la inculturación y del diálogo interreligioso. Esos tres decretos son, sin duda, la forma de ser cristianos hoy, en el umbral del siglo XXI.

6. En el decreto de Educación Secundaria, Primaria y Popular, la Congregación General reconoce la "importante renovación apostólica que se ha llevado a cabo en respuesta a las CC. GG. Recientes" (n. 1). Particularmente, enfatiza los avances en estos puntos específicos:

6.1. "Nuestras instituciones educativas se han abierto a un numero cada vez mayor de estudiantes de grupos económicamente marginados.

6.2. La calidad de la educación ha mejorado de acuerdo a los documentos educativos de la Compañía.

6.3. La cooperación entre jesuitas y seglares ha aumentado considerablemente.

6.4. Nuestros Colegios se han convertido en medios de penetración no sólo en la comunidad de Padres de Familia, amigos, antiguos alumnos y alumnas, sino también en los pobres y marginados que residen en las cercanías.

6.5 Nosotros hemos comunicado gustosamente nuestra herencia educativa con otros cuando ellos nos lo han pedido" (ibid.).

Pide la Congregación que se continºe en esta dirección garantizando la Identidad Ignaciana de nuestros Colegios y la colaboración entre jesuitas y seglares (asegurada con una cuidadosa selección y formación en el Carisma y en la Pedagogía Ignaciana).

7. En el decreto sobre la Comunicación: una nueva cultura, la Congregación afirma que "la comunicación es una dimensión apostólica fundamental de todos nuestros ministerios" y, en consecuencia, los jesuitas, los colaboradores seglares y nuestros alumnos, "deberían estar capacitados para comprender el lenguaje y los símbolos de la cultura moderna de la comunicación y los aspectos fuertes y débiles que ella presenta". (nos. 2 y3).

Añade que "la educación en los medios de comunicación tiene la finalidad de lograr una comprensión crítica tal que capacite a las personas para descubrir en los mismos medios los mensajes distorsionados y subyacentes, y les permita como usuarios hacer una buena elección al consumirlos. Esta comprensión devuelve el poder al consumidor y lo libera de la manipulación y la dominación de los medios de comunicación" (n.6).

Finalmente, sugiere líneas concretas de acción: "las metas importantes para esta preparación son las siguientes: asegurar el conocimiento crítico de la retórica de esta nueva cultura, apreciar su dimensión estética, desarrollar las aptitudes necesarias para el trabajo en equipo, y aprender a usar efectivamente en el trabajo apostólico los medios y la tecnología de la información"(n.9).

8. En el decreto sobre la Cooperación con los laicos en la misión, la Congregación reconoce, ante todo, el camino recorrido: "Una colaboración creciente con los laicos ha extendido nuestra misión y ha cambiado la manera de realizarla en unión estrecha con ellos. Dicha colaboración ha enriquecido lo que hacemos y la comprensión de nuestra función en la misión. Las obras jesuitas en algunas partes del mundo dependen fundamentalmente de los laicos para la realización de la misión de la Compañía. Prevemos la expansión del liderazgo apostólico de los laicos en las obras dela Compañía en los próximos años y nos comprometemos a apoyar este crecimiento" (n.2).

A los jesuitas les pide que sean de verdad no sólo "hombres para los demás" sino "hombres con otros": "esta característica esencial en nuestra forma de proceder pide una actitud de prontitud para cooperar, escuchar y aprender de otros" (n.3).

La Congregación estimula a los jesuitas a avanzar en esta colaboración con los seglares a quienes les ofrece diversas orientaciones:

  1. Ofrece su ayuda a la misión propia de los laicos: en particular, pide que les participemos los Ejercicios Espirituales y la riqueza de nuestra Misión actual como prioridad apostólica para garantizar la ignacianidad de nuestros centros (n. 7).
  2. Ofrece su ayuda a los laicos y a los mismos jesuitas para que puedan formarse adecuadamente en orden a la mutua colaboración.
  3. Ofrece a los laicos, en esta mutua colaboración, la corresponsabilidad en la gestión y se compromete en el proceso de discernimiento y toma de decisiones compartida, cuando sea oportuno. "Los laicos, segºn sus capacidades y compromiso deberían acceder a cargos de responsabilidad y ser preparados para ello" (n. 12).

Finalmente, propone la posibilidad de que los laicos puedan vincularse más con la Compañía, participando en asociaciones apostólicas laicales de inspiración Ignaciana tales como las CVX (Comunidades de Vida Cristiana), las Asociaciones de Voluntarios Jesuitas que hoy se han extendido en redes nacionales e internacionales de servicios los pobres, marginados y refugiados. A las Asociaciones de Antiguos Alumnos/as de la Compañía con el fin de "hacer fructificar en sus vidas y en el mundo la formación que ellos recibieron" (n. 16) y otras asociaciones similares.

Concluye afirmando que "la colaboración con el laicado es un aspecto de nuestro modo de proceder y una gracia que pide una renovación personal, comunitaria e institucional" (n. 25).


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Las orientaciones y decisiones de la reciente Congregación General 34 (máximo organismo legislativo de la Compañía de Jesºs) abren un horizonte de profundización para el proceso de Renovación Ignaciana en preparación del tercer milenio. A modo de inventario, se incluyen aquí algunas de sus principales implicaciones. En los próximos años, estas líneas de acción tendrán que verse integradas en el perfil de nuestros Colegios.

1. La CG 34 confirma y enriquece la misión de la Compañía hoy:

"Así, el fin de nuestra misión, (el servicio de la fe), y su principio integrador (la fe dirigida hacia la justicia del Reino) están dinámicamente relacionados con la proclamación inculturada del evangelio y el diálogo con las otras tradiciones religiosas como dimensiones integrales de la evangelización".

-Decreto Servidores de la Misión de Cristo, n. 15).

2. Esta formulación de la Misión de la Compañía de Jesºs hoy integra mejor a nuestros Colegios concebidos como "instrumentos apostólicos" y redimensiona nuestro trabajo de pastoral y catequesis. De hecho:

"La proclamación del Evangelio en cada contexto particular debe siempre hacerse a cargo de las características culturales, religiosas y estructurales, pues no es un mensaje que viene de fuera, sino un principio que, desde dentro, "anima y dirige y unifica la cultura, transformándola y rehaciéndola de modo que pueda engendrar una nueva creación".

-Ibid, n.16.

3. En el decreto Nuestra Misión y la Justicia, nos reclama un compromiso por la justicia y los pobres. Nos los presenta como un don de Dios. Afirma (n.2) que "nos ha faltado coraje para tomar las decisiones que nuestra misión de fe que busca la justicia, exige, para el cambio de nosotros mismos y de nuestras instituciones".

Nos indica que la lucha por la justicia es una opción por el cambio, una opción por la vida, por la defensa y promoción de los derechos humanos, por la construcción de la Paz, de la convivencia y de la solidaridad. Parece interpelarnos a que no vivamos en Colombia como si estuviéramos en otro país (nos.4-10).

Nos invita a la movilización y al compromiso. Indica que necesitamos comunidades de inserción y una continua experiencia con el pobre para llegar a sensibilizarnos plenamente (nos.17-18).

Nos da criterios para evaluar nuestras instituciones a la luz de nuestra misión:

"La evaluación institucional del papel que juegan en la sociedad; el examen de sus estructuras internas y de sus políticas en orden a que ellas reflejen nuestra misión; la colaboración y el intercambio con instituciones afines de diversos contextos sociales y culturales; la formación continua de los colaboradores en lo que respecta a la misión".

-n.21.

Indica que:

"La creación de comunidades de solidaridad que busquen la justicia necesita llevarse a cabo en todos nuestros diferentes apostolados".

-n.19.

Nos propone estas maneras u otras de trabajar por la justicia en nuestro apostolado:

"a) con el servicio y acompañamiento directo a los pobres; b) con la toma de conciencia de las demandas de la justicia y la responsabilidad social de realizarla; c) con la participación en la movilización social por la creación de un orden social más justo".

- Ibid.

Concluye este decreto con una afirmación vehemente:

"La promoción de la justicia significa una llamada para que la Compañía se inserte cada vez más profundamente en la vida concreta de los pueblos y de las naciones, como son realmente y como nosotros pensamos que debería ser".

-n.24.

4. En el decreto Nuestra Misión y la Cultura, la Congregación nos indica el horizonte de la inculturación asumido como dimensión de la justicia e integrante de nuestra Misión. Afirma que la opción por el pobre es una opción por su cultura, para que el Evangelio le transforme desde dentro en su propia cultura (n.2 y 28).

Reconoce los errores que hemos tenido en la proclamación del Evangelio a través de todos nuestros apostolados y quiere que nos corrijamos. "Con frecuencia los evangelizadores jesuitas no se han insertado en el corazón de la cultura, sino quedan permanecido como presencia extranjera. No hemos descubierto en nuestra misión los tesoros de la humanidad, de profundidad, de trascendencia y los valores de otras culturas que son fruto de la acción del Espiritu. A veces en una cultura particular, nos hemos alineado con la 'cultura superior' de las élites que despreciaban las culturas de las comunidades pobres o indígenas y, a veces, debido a nuestra pasividad, hemos permitido que fueran destruidas" (n. 12).

Indica que "una evangelización incultura en contextos 'postcristianos' apunta, no a secularizar o diluir el Evangelio acomodándolo al horizonte de la modernidad, sino a introducir la posibilidad y la realidad de Dios a través del diálogo y de un testimonio en acción" (n.22). Afirma, en este contexto que "no es que haya muerto la vida espiritual; es que simplemente se desarrolla fuera de la Iglesia" (n.21). Y nos aclara que la "llamada a una evangelización inculturada no es solamente para los que trabajan en otros países. Nuestro trabajo tiene siempre un contexto cultural concreto, con rasgos positivos y negativos que deben ser trabajados por el Evangelio" (n.27).

Concluye con una interpelación cuestionante: "corresponde lo que hacemos y decimos a lo que las personas a nuestro alrededor necesitan real y urgentemente para relacionarse con Dios y con los demás? Si la respuesta fuera un "no" rotundo, ello significaría que no estamos comprometidos a fondo con la vida de las personas a las que servimos"(Ibid.).

Nuestras obras educativas "en particular, juegan un papel importante en el diálogo de la fe cristiana con los cambios de las culturas contemporáneas y tradicionales" (n.28) y, por esto, "es importante integrar la dinámica de la inculturación en la renovación apostólica de los jesuitas y de sus colaboradores. Esto es esencial para lograr la conversión de nuestro corazón y para redescubrir la vitalidad del Evangelio en su diálogo con la cultura" (...)."Debemos buscar también la manera de crear una teología, liturgia y espiritualidad autóctonas"(ibid).

5. El decreto sobre la Misión y el Diálogo interreligioso nos abre también un gran horizonte de renovación hacia el futuro con grandes consecuencias en nuestro apostolado educativo. "Por el diálogo interreligioso hacemos a Dios presente entre nosotros; cuando nos abrimos al diálogo con otros, nos abrimos nosotros mismos a Dios" (n. 5). Nos propone las cuatro vertientes del diálogo recomendadas por los recientes Papas y Obispos:

5.1. El diálogo de la vida, en el que las personas se esfuerzan por vivir en un espíritu de apertura y de buena vecindad, compartiendo sus alegrías y penas, sus problemas y preocupaciones humanas.

5.2. El diálogo de las obras, en el que los cristianos y las restantes personas colaboran con miras al desarrollo integral de la gente.

5.3. El diálogo de la experiencia religiosa, en el que las personas enraizadas en sus propias sus riquezas espirituales, por ejemplo, en lo que se refiere a la oración y la contemplación, la* fe y las vías de bºsqueda De Dios.

5.4. El diálogo de los intercambios teológicos, en el que los expertos buscan profundizar la compresión de sus respectivas herencias religiosas y apreciar recíprocamente sus valores espirituales. (n.4).

Así, "nuestra proclamación del Evangelio debe ser sensible al trasfondo religioso y cultural de aquellos a quienes se les ha dirigido, y atentos a los "signos de los tiempos' en donde se expresa el Espíritu..." (n. 9.4).

Concluye el decreto proponiendo estas orientaciones:

"nuestras instituciones educativas deberían concientizar a nuestros estudiantes acerca del valor de la colaboración interreligiosa e inculcar en ellos una comprensión básica y un respeto por la visión de la fe de los miembros de diversas comunidades religiosas locales, al mismo tiempo, que ayudarles a profundizar su propia respuesta de fe ante Dios" (n. 9.8).

En la misma dirección y. como complemento a lo anterior, proponemos aquí los Diez Mandamientos del Tercer Milenio. (Cfr. Buhlmann Walbert, Ojos para Ver, un cristiano ante el tercer milenio, Herder, 1990, p.42).

A. Frente a los Problemas actuales de la Iglesia.

  • Dejaréis que prevalezca la sana razón del hombre: la autonomía de las ciencias.
  • Os tomaréis en serio como pueblo de Dios: los seglares en la iglesia.
  • Tenderéis la mano a vuestros hermanos en Cristo: el ecumenismo.

B. Frente a los problemas continentales.

  • Os pondréis de lado de los pobres: justicia (aporte latinoamericano).
  • Admiraréis la amplitud del creador: inculturación (aporte de Africa).
  • Reconoceréis el 'Aquí estoy' de todos los pueblos: diálogo interreligioso (aporte de Asia).
  • Acompañaréis a los nómadas religiosos: secularización (Euroamérica).

C. Frente a los problemas mundiales.

  • Retorzaréis las filas de los pacificadores: Justitia et Pax.
  • Desarrollaréis la tierra hasta hacerla un paraiso: ecología y escatologia.
  • Saldréis al encuentro del Dios de la historia: mística y política.
  • Estos tres decretos son como la identidad de nuestros Colegios en el siglo XXI a partir de la justicia, de la inculturación y del diálogo interreligioso. Esos tres decretos son, sin duda, la forma de ser cristianos hoy, en el umbral del siglo XXI.

6. En el decreto de Educación Secundaria, Primaria y Popular, la Congregación General reconoce la "importante renovación apostólica que se ha llevado a cabo en respuesta a las CC. GG. Recientes" (n. 1). Particularmente, enfatiza los avances en estos puntos específicos:

6.1. "Nuestras instituciones educativas se han abierto a un numero cada vez mayor de estudiantes de grupos económicamente marginados.

6.2. La calidad de la educación ha mejorado de acuerdo a los documentos educativos de la Compañía.

6.3. La cooperación entre jesuitas y seglares ha aumentado considerablemente.

6.4. Nuestros Colegios se han convertido en medios de penetración no sólo en la comunidad de Padres de Familia, amigos, antiguos alumnos y alumnas, sino también en los pobres y marginados que residen en las cercanías.

6.5 Nosotros hemos comunicado gustosamente nuestra herencia educativa con otros cuando ellos nos lo han pedido" (ibid.).

Pide la Congregación que se continºe en esta dirección garantizando la Identidad Ignaciana de nuestros Colegios y la colaboración entre jesuitas y seglares (asegurada con una cuidadosa selección y formación en el Carisma y en la Pedagogía Ignaciana).

7. En el decreto sobre la Comunicación: una nueva cultura, la Congregación afirma que "la comunicación es una dimensión apostólica fundamental de todos nuestros ministerios" y, en consecuencia, los jesuitas, los colaboradores seglares y nuestros alumnos, "deberían estar capacitados para comprender el lenguaje y los símbolos de la cultura moderna de la comunicación y los aspectos fuertes y débiles que ella presenta". (nos. 2 y3).

Añade que "la educación en los medios de comunicación tiene la finalidad de lograr una comprensión crítica tal que capacite a las personas para descubrir en los mismos medios los mensajes distorsionados y subyacentes, y les permita como usuarios hacer una buena elección al consumirlos. Esta comprensión devuelve el poder al consumidor y lo libera de la manipulación y la dominación de los medios de comunicación" (n.6).

Finalmente, sugiere líneas concretas de acción: "las metas importantes para esta preparación son las siguientes: asegurar el conocimiento crítico de la retórica de esta nueva cultura, apreciar su dimensión estética, desarrollar las aptitudes necesarias para el trabajo en equipo, y aprender a usar efectivamente en el trabajo apostólico los medios y la tecnología de la información"(n.9).

8. En el decreto sobre la Cooperación con los laicos en la misión, la Congregación reconoce, ante todo, el camino recorrido: "Una colaboración creciente con los laicos ha extendido nuestra misión y ha cambiado la manera de realizarla en unión estrecha con ellos. Dicha colaboración ha enriquecido lo que hacemos y la comprensión de nuestra función en la misión. Las obras jesuitas en algunas partes del mundo dependen fundamentalmente de los laicos para la realización de la misión de la Compañía. Prevemos la expansión del liderazgo apostólico de los laicos en las obras dela Compañía en los próximos años y nos comprometemos a apoyar este crecimiento" (n.2).

A los jesuitas les pide que sean de verdad no sólo "hombres para los demás" sino "hombres con otros": "esta característica esencial en nuestra forma de proceder pide una actitud de prontitud para cooperar, escuchar y aprender de otros" (n.3).

La Congregación estimula a los jesuitas a avanzar en esta colaboración con los seglares a quienes les ofrece diversas orientaciones:

  1. Ofrece su ayuda a la misión propia de los laicos: en particular, pide que les participemos los Ejercicios Espirituales y la riqueza de nuestra Misión actual como prioridad apostólica para garantizar la ignacianidad de nuestros centros (n. 7).
  2. Ofrece su ayuda a los laicos y a los mismos jesuitas para que puedan formarse adecuadamente en orden a la mutua colaboración.
  3. Ofrece a los laicos, en esta mutua colaboración, la corresponsabilidad en la gestión y se compromete en el proceso de discernimiento y toma de decisiones compartida, cuando sea oportuno. "Los laicos, segºn sus capacidades y compromiso deberían acceder a cargos de responsabilidad y ser preparados para ello" (n. 12).

Finalmente, propone la posibilidad de que los laicos puedan vincularse más con la Compañía, participando en asociaciones apostólicas laicales de inspiración Ignaciana tales como las CVX (Comunidades de Vida Cristiana), las Asociaciones de Voluntarios Jesuitas que hoy se han extendido en redes nacionales e internacionales de servicios los pobres, marginados y refugiados. A las Asociaciones de Antiguos Alumnos/as de la Compañía con el fin de "hacer fructificar en sus vidas y en el mundo la formación que ellos recibieron" (n. 16) y otras asociaciones similares.

Concluye afirmando que "la colaboración con el laicado es un aspecto de nuestro modo de proceder y una gracia que pide una renovación personal, comunitaria e institucional" (n. 25).