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Alfabetización emergente: proceso que inicia desde los primeros años de vida y en el que los niños desarrollan progresivamente habilidades, conocimientos y experiencias que facilitan el aprendizaje formal de la lectura y la escritura (MEN, 2016).
Aprendizaje: proceso neurobiológico complejo en el que el cerebro utiliza los sentidos y la acción corporal como puertas de entrada al conocimiento, transformando los estímulos del entorno en experiencias significativas (De Souza Martins & Posada-Bernal, 2025).
Comprensión: etapa del aprendizaje en la que la información percibida se procesa, se relaciona con conocimientos previos y puede almacenarse en la memoria, favoreciendo que el niño tome conciencia de lo que realiza y de su sentido (De Souza Martins et al., 2026).
Construcción de sentido: la lectura y la escritura no deben reducirse a una té cnica mecánica, sino comprenderse como procesos mediante los cuales los niños interpretan, representan y dan significado a sus experiencias (Ferreiro & Teberosky, 2003).
Coordinación visomotora: permite que el niño relacione la mirada con el movimiento de la mano, lo cual es necesario para seguir trazos, manipular objetos y desarrollar progresivamente habilidades vinculadas con la escritura (Rigal, 2006).
Cultura escrita: acercamiento progresivo de los niños a los usos sociales de la lectura y la escritura, a través de cuentos, imágenes, símbolos, nombres, relatos, dibujos y diferentes formas de representación (MEN, 2014).
Desarrollo humano integral: proceso pluridimensional, dinámico y continuo que busca el crecimiento armónico de todas las dimensiones del ser humano: ética, espiritual, cognitiva, afectiva, comunicativa, estética, corporal y socio-política (ACODESI, 2016).
Direccionalidad del trazo: capacidad del niño para orientar sus movimientos gráficos en un sentido determinado, proceso que requiere control corporal, coordinación y organización espacial (Soto et al., 2019).
Educación inicial: proceso de atención integral que busca potenciar de manera intencionada el desarrollo de los niños, a partir del reconocimiento de sus características, intereses, ritmos y contextos (MEN, 2018).
Escritura emergente: primeras formas de representación gráfica que realizan los niños, como garabatos, dibujos, marcas, trazos o intentos de escritura, las cuales deben ser reconocidas como producciones con sentido (MEN, 2016).
Esquema corporal: permite que el niño reconozca su propio cuerpo, sus partes, posibilidades y movimientos, aspecto fundamental para ubicarse en el espacio y avanzar en procesos posteriores de lectoescritura (Timbila, 2017).
Estrategias pedagógicas: acciones planificadas por el docente para orientar el proceso de enseñanza y generar condiciones que ayuden a los estudiantes a aprender de manera más clara, activa y significativa (Góez et al., 2022).
Experiencia sensoriomotriz: permite que los niños aprendan mediante los sentidos y la acción corporal, explorando, manipulando y actuando sobre los objetos y el entorno (Papalia & Martorell, 2024).
Formación corporal: proceso integrador en el que se articulan la motricidad, la psicomotricidad y la neuromotricidad, reconociendo el cuerpo como base del aprendizaje y del desarrollo integral. (De Souza Martins et al., 2026).
Formación integral: estilo educativo que no busca únicamente instruir en saberes específicos, sino ofrecer elementos para que la persona crezca desarrollando sus características, condiciones y potencialidades (ACODESI, 2016).
Lateralidad: proceso psicomotriz relacionado con la organización del cuerpo y la dominancia funcional, que influye en la orientación espacial y en el desarrollo de la lectura y la escritura (Soto et al., 2019).
Lectoescritura: proceso integrado de lectura y escritura que permite interpretar y producir significados. En educación inicial, este proceso no se limita al reconocimiento de letras, sino que se construye desde la experiencia corporal, oral, simbólica y social (Grimaldo Salazar, 2018). 126
Lectura emergente: acercamiento inicial de los niños a la interpretación de imágenes, gestos, símbolos, cuentos, señales y otros elementos del entorno antes de leer palabras de manera convencional (MEN, 2016).
Mediación docente: se fundamenta en cuidar, acompañar y provocar experiencias, reconociendo al docente como un adulto sensible que observa, escucha y potencia los procesos de desarrollo infantil (SED, 2019).
Neuroeducación: disciplina que integra la neurociencia, la psicología y la pedagogía para mejorar los procesos de enseñanza a partir de la comprensión de cómo funciona el cerebro (Cevallos Men é ndez & Rodríguez Gámez, 2020).
Neurofunciones: condiciones neurofisiológicas necesarias para el aprendizaje, como el desarrollo muscular, la coordinación dígito- manual, la imagen corporal estructurada y el manejo funcional de instrumentos (Esteves et al., 2018).
Motricidad: componente de la formación corporal en la educación inicial, relacionado con la capacidad del niño para realizar movimientos y adquirir habilidades corporales que favorecen su crecimiento biológico, cognitivo y social (De Souza Martins et al., 2026).
Neuromotricidad: relación entre la organización del sistema nervioso y el desarrollo de funciones sensoriales y motoras que permiten al niño percibir, actuar, adaptarse y aprender en interacción con el entorno (Varela, 2025).
Motricidad fina: control de gestos pequeños y precisos, especialmente de manos y dedos, necesarios para acciones como rasgar, moldear, ensartar, agarrar, dibujar y escribir (Rigal, 2006).
Motricidad gruesa: se relaciona con los movimientos amplios del cuerpo, como correr, saltar, trepar, arrastrarse o mantener el equilibrio, los cuales fortalecen la coordinación y el control corporal (Papalia & Martorell, 2024).
Neuroplasticidad: capacidad del cerebro para reorganizarse a partir de la experiencia, la estimulación y el aprendizaje, generando cambios en las conexiones cerebrales (Román y Poenitz, 2018).
Orientación espacial: permite construir nociones como tamaño, forma, tiempo y espacio, fundamentales para que el niño organice su experiencia y comprenda el entorno (Timbila, 2017). 127
Percepción: etapa inicial del aprendizaje en la que los niños captan, seleccionan y organizan la información que reciben por medio de los sentidos (De Souza Martins et al., 2026).
Unidad didáctica: estructura de planificación que permite organizar y secuenciar objetivos, contenidos, metodología, recursos y actividades de enseñanza-aprendizaje de manera coherente y progresiva (Díaz-Lucea, 1994).
Planeación pedagógica: diseño de experiencias intencionadas que responden a las características, necesidades y contextos de los niños, más allá del simple diligenciamiento de formatos (Giraldo et al., 2018).
Psicomotricidad: vía mediante la cual el niño descubre, reconoce e interactúa con el mundo, integrando acción motriz, pensamiento, emoción, socialización y construcción de sentido (De Souza Martins et al., 2026).
Significación: etapa final del aprendizaje, en la que el niño recupera la información almacenada, la relaciona con la experiencia vivida y la transforma en un aprendizaje con sentido personal y social (De Souza Martins et al., 2026).
Sistematización: proceso reflexivo mediante el cual se organizan, analizan y resignifican las experiencias educativas, con el fin de mejorar la práctica docente y enriquecer los ambientes de aprendizaje (Mera-Rodríguez, 2019).


Alfabetización emergente: proceso que inicia desde los primeros años de vida y en el que los niños desarrollan progresivamente habilidades, conocimientos y experiencias que facilitan el aprendizaje formal de la lectura y la escritura (MEN, 2016).
Aprendizaje: proceso neurobiológico complejo en el que el cerebro utiliza los sentidos y la acción corporal como puertas de entrada al conocimiento, transformando los estímulos del entorno en experiencias significativas (De Souza Martins & Posada-Bernal, 2025).
Comprensión: etapa del aprendizaje en la que la información percibida se procesa, se relaciona con conocimientos previos y puede almacenarse en la memoria, favoreciendo que el niño tome conciencia de lo que realiza y de su sentido (De Souza Martins et al., 2026).
Construcción de sentido: la lectura y la escritura no deben reducirse a una té cnica mecánica, sino comprenderse como procesos mediante los cuales los niños interpretan, representan y dan significado a sus experiencias (Ferreiro & Teberosky, 2003).
Coordinación visomotora: permite que el niño relacione la mirada con el movimiento de la mano, lo cual es necesario para seguir trazos, manipular objetos y desarrollar progresivamente habilidades vinculadas con la escritura (Rigal, 2006).
Cultura escrita: acercamiento progresivo de los niños a los usos sociales de la lectura y la escritura, a través de cuentos, imágenes, símbolos, nombres, relatos, dibujos y diferentes formas de representación (MEN, 2014).
Desarrollo humano integral: proceso pluridimensional, dinámico y continuo que busca el crecimiento armónico de todas las dimensiones del ser humano: ética, espiritual, cognitiva, afectiva, comunicativa, estética, corporal y socio-política (ACODESI, 2016).
Direccionalidad del trazo: capacidad del niño para orientar sus movimientos gráficos en un sentido determinado, proceso que requiere control corporal, coordinación y organización espacial (Soto et al., 2019).
Educación inicial: proceso de atención integral que busca potenciar de manera intencionada el desarrollo de los niños, a partir del reconocimiento de sus características, intereses, ritmos y contextos (MEN, 2018).
Escritura emergente: primeras formas de representación gráfica que realizan los niños, como garabatos, dibujos, marcas, trazos o intentos de escritura, las cuales deben ser reconocidas como producciones con sentido (MEN, 2016).
Esquema corporal: permite que el niño reconozca su propio cuerpo, sus partes, posibilidades y movimientos, aspecto fundamental para ubicarse en el espacio y avanzar en procesos posteriores de lectoescritura (Timbila, 2017).
Estrategias pedagógicas: acciones planificadas por el docente para orientar el proceso de enseñanza y generar condiciones que ayuden a los estudiantes a aprender de manera más clara, activa y significativa (Góez et al., 2022).
Experiencia sensoriomotriz: permite que los niños aprendan mediante los sentidos y la acción corporal, explorando, manipulando y actuando sobre los objetos y el entorno (Papalia & Martorell, 2024).
Formación corporal: proceso integrador en el que se articulan la motricidad, la psicomotricidad y la neuromotricidad, reconociendo el cuerpo como base del aprendizaje y del desarrollo integral. (De Souza Martins et al., 2026).
Formación integral: estilo educativo que no busca únicamente instruir en saberes específicos, sino ofrecer elementos para que la persona crezca desarrollando sus características, condiciones y potencialidades (ACODESI, 2016).
Lateralidad: proceso psicomotriz relacionado con la organización del cuerpo y la dominancia funcional, que influye en la orientación espacial y en el desarrollo de la lectura y la escritura (Soto et al., 2019).
Lectoescritura: proceso integrado de lectura y escritura que permite interpretar y producir significados. En educación inicial, este proceso no se limita al reconocimiento de letras, sino que se construye desde la experiencia corporal, oral, simbólica y social (Grimaldo Salazar, 2018). 126
Lectura emergente: acercamiento inicial de los niños a la interpretación de imágenes, gestos, símbolos, cuentos, señales y otros elementos del entorno antes de leer palabras de manera convencional (MEN, 2016).
Mediación docente: se fundamenta en cuidar, acompañar y provocar experiencias, reconociendo al docente como un adulto sensible que observa, escucha y potencia los procesos de desarrollo infantil (SED, 2019).
Neuroeducación: disciplina que integra la neurociencia, la psicología y la pedagogía para mejorar los procesos de enseñanza a partir de la comprensión de cómo funciona el cerebro (Cevallos Men é ndez & Rodríguez Gámez, 2020).
Neurofunciones: condiciones neurofisiológicas necesarias para el aprendizaje, como el desarrollo muscular, la coordinación dígito- manual, la imagen corporal estructurada y el manejo funcional de instrumentos (Esteves et al., 2018).
Motricidad: componente de la formación corporal en la educación inicial, relacionado con la capacidad del niño para realizar movimientos y adquirir habilidades corporales que favorecen su crecimiento biológico, cognitivo y social (De Souza Martins et al., 2026).
Neuromotricidad: relación entre la organización del sistema nervioso y el desarrollo de funciones sensoriales y motoras que permiten al niño percibir, actuar, adaptarse y aprender en interacción con el entorno (Varela, 2025).
Motricidad fina: control de gestos pequeños y precisos, especialmente de manos y dedos, necesarios para acciones como rasgar, moldear, ensartar, agarrar, dibujar y escribir (Rigal, 2006).
Motricidad gruesa: se relaciona con los movimientos amplios del cuerpo, como correr, saltar, trepar, arrastrarse o mantener el equilibrio, los cuales fortalecen la coordinación y el control corporal (Papalia & Martorell, 2024).
Neuroplasticidad: capacidad del cerebro para reorganizarse a partir de la experiencia, la estimulación y el aprendizaje, generando cambios en las conexiones cerebrales (Román y Poenitz, 2018).
Orientación espacial: permite construir nociones como tamaño, forma, tiempo y espacio, fundamentales para que el niño organice su experiencia y comprenda el entorno (Timbila, 2017). 127
Percepción: etapa inicial del aprendizaje en la que los niños captan, seleccionan y organizan la información que reciben por medio de los sentidos (De Souza Martins et al., 2026).
Unidad didáctica: estructura de planificación que permite organizar y secuenciar objetivos, contenidos, metodología, recursos y actividades de enseñanza-aprendizaje de manera coherente y progresiva (Díaz-Lucea, 1994).
Planeación pedagógica: diseño de experiencias intencionadas que responden a las características, necesidades y contextos de los niños, más allá del simple diligenciamiento de formatos (Giraldo et al., 2018).
Psicomotricidad: vía mediante la cual el niño descubre, reconoce e interactúa con el mundo, integrando acción motriz, pensamiento, emoción, socialización y construcción de sentido (De Souza Martins et al., 2026).
Significación: etapa final del aprendizaje, en la que el niño recupera la información almacenada, la relaciona con la experiencia vivida y la transforma en un aprendizaje con sentido personal y social (De Souza Martins et al., 2026).
Sistematización: proceso reflexivo mediante el cual se organizan, analizan y resignifican las experiencias educativas, con el fin de mejorar la práctica docente y enriquecer los ambientes de aprendizaje (Mera-Rodríguez, 2019).