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Introducción

Introducción

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La educación inicial es una etapa fundamental en la vida de los niños porque es durante estos primeros años que se construyen las bases físicas, cognitivas, emocionales y sociales que orientarán su desarrollo a lo largo de toda la vida (Papalia & Martorell, 2024).

En esta etapa, los niños no aprenden solo cuando escuchan una explicación o hacen una actividad guiada, sino también cuando exploran, juegan e interactúan con su entorno (Shelton, 2026). Por eso, hablar de educación inicial significa reconocer que el cuerpo, el lenguaje, las emociones y el pensamiento están conectados y hacen parte de un mismo proceso (Grimaldo Salazar, 2018).

Este libro, surge de una mirada de la formación integral como un proceso continuo, permanente y participativo que busca desarrollar armónica y coherentemente todas las dimensiones ética, espiritual, cognitiva, afectiva, comunicativa, estética, corporal y socio-política del ser humano (ACODESI, 2016).

Esta estrategia propone brindarles a los docentes de educación inicial una herramienta pedagógica que articule la psicomotricidad con los procesos de lectoescritura, entendiendo que antes de leer y escribir de manera convencional, los niños necesitan explorar con el cuerpo, los sentidos, el juego simbólico y la comunicación, ya que a partir de estas experiencias es que ellos empiezan a darle sentido al mundo que los rodea (Papalia & Martorell, 2024). En otras palabras, este libro no pretende adelantar la enseñanza formal de la lectura y la escritura, sino acompañar esos procesos previos que los niños necesitan para acercarse al lenguaje escrito.

La propuesta que se presenta en este libro surge de un proceso investigativo desarrollado con el acompañamiento del Semillero de Investigación en Actividad Física, Salud y Deporte de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia. Sin embargo, esta obra no se centra en la exposición de resultados o hallazgos investigativos, sino que toma dicho recorrido como punto de partida para construir una propuesta práctica, organizada y cercana a las necesidades reales del aula. En este sentido, el libro busca constituirse en un apoyo para los docentes interesados en enriquecer sus experiencias pedagógicas desde una perspectiva corporal, lúdica y significativa.

En el contexto colombiano, la educación inicial ha tenido un recorrido histórico importante, pasando de una mirada asistencialista, es decir, centrada en el cuidado y la protección, hacia una perspectiva más integral en la que los niños son reconocidos como sujetos plenos de derechos, con capacidades, intereses, formas propias de comunicarse y maneras particulares de aprender (MEN, 2018). Este cambio se fortaleció a partir de la Constitución Política de 1991, la Ley General de Educación de 1994, los Lineamientos Curriculares para Preescolar de 1998, la Estrategia de Atención Integral a la Primera Infancia "De Cero a Siempre" y las Bases Curriculares para la Educación Inicial y Preescolar del Ministerio de Educación Nacional. Desde estos marcos, se reconoce que el desarrollo infantil no es lineal ni ocurre igual en todos los niños, sino que se construye a partir de las interacciones sociales y culturales que viven en su día a día (MEN, 2014c).

Estos referentes han ayudado a comprender que la educación inicial no debe verse como una preparación para la primaria, sino como una etapa con sentido e identidad propia en la que el juego, el arte, la literatura y la exploración del medio son experiencias fundamentales para el desarrollo integral de los niños (MEN, 2018). Desde este punto de vista, el trabajo pedagógico se orienta a crear ambientes enriquecedores, sensibles e intencionados donde los niños puedan expresarse, participar y construir conocimiento a partir de sus propias vivencias de la mano del docente (MEN, 2018).

A pesar de estos avances, en muchas instituciones todavía existe una distancia entre lo que plantean las políticas de educación inicial y lo que ocurre realmente en la práctica, debido a que predomina una lógica eficientista-curricular, es decir, una mirada demasiado centrada en cumplir contenidos y resultados, lo que termina fragmentando el aprendizaje. Por ejemplo, la lectoescritura a veces se trabaja de forma mecánica a través de la decodificación, la copia y el uso de guías poco relacionadas con la realidad de los niños, sin tener en cuenta sus ritmos de desarrollo y maduración (Santamarina Sancho & Núñez Delgado, 2021). Este tipo de prácticas puede generar "miedo, desmotivación, frustración, inseguridad y apatía" frente al lenguaje escrito porque se presentan como tareas té cnicas, obligatorias y descontextualizadas (Gallo, 2024, p. 8). Además, este enfoque suele dejar en un segundo plano aspectos fundamentales como el juego y la expresión corporal, que son claves para fortalecer la base psicomotriz que prepara al niño para aprendizajes posteriores (Papalia & Martorell, 2024).

Esta situación cobra aún más relevancia si se entiende que la lectoescritura no es solo un proceso cognitivo. Para que un niño pueda acercarse a la lectura y la escritura, también necesita fortalecer su esquema corporal, su coordinación visomotora, su motricidad fina, su lateralidad, su orientación espacial, su equilibrio, su atención, su memoria y su capacidad de autorregulación (Rigal, 2006; Pacori & Mamani, 2020). Por ejemplo, antes de hacer un trazo intencionado, el niño ya ha explorado con sus manos, ha a aprendido a controlar la presión, a coordinar la mirada con el movimiento, a reconocer direcciones, a organizar su postura y a darle sentido a lo que hace (Soto et al., 2019; De Souza Martins et al., 2022; Viera Prada, 2024). Así, el cuerpo no puede verse como un elemento separado del aprendizaje, sino como una base fundamental para que los niños puedan comprender, representar y comunicar.

Desde esta mirada, la psicomotricidad tiene un lugar central en la educación inicial, ya que no se trata solamente de hacer movimientos o ejercicios físicos, sino de proponer experiencias corporales con una intención pedagógica que ayuden a los niños a conocerse, a relacionarse con el espacio, a expresar emociones y a construir aprendizajes con sentido. A través de la psicomotricidad, el niño aprende desde su cuerpo porque cuando salta, se arrastra, moldea, ensarta, señala, sigue un circuito o dramatiza un cuento, también está fortaleciendo habilidades relacionadas con la lectura y la escritura inicial (De Souza Martins et al., 2019).

En este sentido, la lectoescritura en educación inicial debe entenderse como un proceso que se va dando progresivamente a medida que los niños se acercan a la cultura escrita. Antes de leer palabras, ellos ya leen el mundo cuando interpretan gestos, imágenes, señales, cuentos, recorridos, símbolos, sonidos y situaciones. De la misma manera, antes de escribir letras de forma convencional, ya empiezan a expresarse por medio de garabatos, dibujos, huellas y trazos que tienen un significado para ellos (MEN, 2016).

Por eso, es importante que el docente acompañe con sensibilidad estos procesos y valore esas primeras producciones como formas iniciales de comunicación y representación, sin exigir antes de tiempo una escritura formal que todavía requiere maduración corporal, cognitiva y emocional (SED, 2019). Así, el aprendizaje de la lectoescritura deja de ser una tarea mecánica y se convierte en una experiencia de significación del mundo.

Por lo anterior, este libro se centra en ofrecer un material de apoyo al docente con una propuesta pedagógica que ayude a integrar el cuerpo y el lenguaje. En lugar de ver la psicomotricidad como un momento separado de la jornada escolar, o la lectoescritura como una actividad limitada a la mesa y al lápiz, esta y vivencias en las que los niños puedan moverse, sentir, imaginar, hablar, crear y representar. De esta manera, se espera que el acercamiento a la lectura y la escritura sea más significativo y respetuoso de los ritmos de cada niño, reconociendo que la psicomotricidad hace parte esencial del aprendizaje simbólico y no es solo un prerrequisito mecánico (Gallo, 2024).

En educación inicial, el docente no solo dirige actividades, sino que observa, escucha, acompaña, pregunta, motiva y adapta las experiencias según las necesidades del grupo (SED, 2019). Su acompañamiento es escencial para que una acción corporal se convierta en aprendizaje. Por ejemplo, no basta con que el niño camine sobre una línea; es necesario que el docente lo ayude a reconocer dónde empezó, hacia dónde avanzó, qué sintió, qué recordó y qué significado puede tener ese recorrido, guiándolo por las etapas de percepción, comprensión y significación de la acción (De Souza Martins & Posada-Bernal, 2025). Así, la actividad deja de ser un ejercicio aislado y se convierte en una experiencia pedagógica situada.

Además, esta estrategia pedagógica reconoce que los niños aprenden a partir de las relaciones que construyen en su contexto. Por eso, aunque el libro está pensado principalmente para docentes, también tiene en cuenta el papel de la familia y los cuidadores. Desde el modelo ecológico de Bronfenbrenner (1987), el desarrollo infantil es el resultado de la participación activa en múltiples sistemas, donde la familia constituye el entorno más cercano para el crecimiento de los niños (Papalia & Martorell, 2024; Shelton, 2026).

Las experiencias que los niños viven en el aula también pueden continuar en casa de una manera sencilla. No se trata de repetir exactamente la actividad, sino de retomar su sentido en la vida cotidiana, ya que en el hogar se construyen vínculos afectivos que fortalecen la seguridad emocional y la disposición para aprender (Peñafiel Villarreal et al., 2023). Por eso, acciones como nombrar recorridos, jugar con sonidos, contar historias, observar señales, clasificar objetos, hablar sobre lo que el niño hizo en clase o permitirle explorar materiales del hogar ayudan a seguir fortaleciendo los aprendizajes en un ambiente cercano y afectivo.

De este modo, "Trazos en Juego" está pensado para el contexto colombiano y reconoce la diversidad de aulas, recursos y realidades que existen en el país. Por eso, las actividades propuestas son flexibles, adaptables y se pueden realizar con materiales sencillos. La intención no es ofrecer una receta única, sino una guía que cada docente pueda ajustar según las características de sus niños, su institución y su comunidad. Desde esta mirada, la innovación pedagógica se entiende como la capacidad del docente para adaptar y transformar su práctica de acuerdo con el entorno (MEN, 2014c).

El libro está organizado desde una mirada de la formación humana integral. Primero, presenta algunos elementos generales sobre la formación integral, la psicomotricidad y la lectoescritura en la educación inicial, entendiendo que el aprendizaje es un proceso neurobiológico complejo en el que el cerebro se apoya en los sentidos y en la acción corporal como caminos para construir conocimiento (De Souza Martins & Posada-Bernal, 2025). después, propone una planeación de actividades que conecta las habilidades psicomotrices con los procesos de lectoescritura, estructurada en unidades didácticas que ayudan a ordenar y secuenciar los contenidos de manera clara para favorecer un aprendizaje progresivo y significativo (Lucea, 1994).

Esta propuesta también incluye recomendaciones, adaptaciones según la edad y sugerencias para continuar el proceso en casa. Esto parte de reconocer que la familia y los cuidadores cumplen un papel fundamental en la formación de los niños (Peñafiel Villarreal et al., 2023). De esta manera, cada actividad busca mostrar que el aprendizaje se vuelve significativo cuando se unen: el cuerpo, la cognición, la emoción y la experiencia.


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La educación inicial es una etapa fundamental en la vida de los niños porque es durante estos primeros años que se construyen las bases físicas, cognitivas, emocionales y sociales que orientarán su desarrollo a lo largo de toda la vida (Papalia & Martorell, 2024).

En esta etapa, los niños no aprenden solo cuando escuchan una explicación o hacen una actividad guiada, sino también cuando exploran, juegan e interactúan con su entorno (Shelton, 2026). Por eso, hablar de educación inicial significa reconocer que el cuerpo, el lenguaje, las emociones y el pensamiento están conectados y hacen parte de un mismo proceso (Grimaldo Salazar, 2018).

Este libro, surge de una mirada de la formación integral como un proceso continuo, permanente y participativo que busca desarrollar armónica y coherentemente todas las dimensiones ética, espiritual, cognitiva, afectiva, comunicativa, estética, corporal y socio-política del ser humano (ACODESI, 2016).

Esta estrategia propone brindarles a los docentes de educación inicial una herramienta pedagógica que articule la psicomotricidad con los procesos de lectoescritura, entendiendo que antes de leer y escribir de manera convencional, los niños necesitan explorar con el cuerpo, los sentidos, el juego simbólico y la comunicación, ya que a partir de estas experiencias es que ellos empiezan a darle sentido al mundo que los rodea (Papalia & Martorell, 2024). En otras palabras, este libro no pretende adelantar la enseñanza formal de la lectura y la escritura, sino acompañar esos procesos previos que los niños necesitan para acercarse al lenguaje escrito.

La propuesta que se presenta en este libro surge de un proceso investigativo desarrollado con el acompañamiento del Semillero de Investigación en Actividad Física, Salud y Deporte de la Facultad de Educación de la Pontificia Universidad Javeriana, Bogotá, Colombia. Sin embargo, esta obra no se centra en la exposición de resultados o hallazgos investigativos, sino que toma dicho recorrido como punto de partida para construir una propuesta práctica, organizada y cercana a las necesidades reales del aula. En este sentido, el libro busca constituirse en un apoyo para los docentes interesados en enriquecer sus experiencias pedagógicas desde una perspectiva corporal, lúdica y significativa.

En el contexto colombiano, la educación inicial ha tenido un recorrido histórico importante, pasando de una mirada asistencialista, es decir, centrada en el cuidado y la protección, hacia una perspectiva más integral en la que los niños son reconocidos como sujetos plenos de derechos, con capacidades, intereses, formas propias de comunicarse y maneras particulares de aprender (MEN, 2018). Este cambio se fortaleció a partir de la Constitución Política de 1991, la Ley General de Educación de 1994, los Lineamientos Curriculares para Preescolar de 1998, la Estrategia de Atención Integral a la Primera Infancia "De Cero a Siempre" y las Bases Curriculares para la Educación Inicial y Preescolar del Ministerio de Educación Nacional. Desde estos marcos, se reconoce que el desarrollo infantil no es lineal ni ocurre igual en todos los niños, sino que se construye a partir de las interacciones sociales y culturales que viven en su día a día (MEN, 2014c).

Estos referentes han ayudado a comprender que la educación inicial no debe verse como una preparación para la primaria, sino como una etapa con sentido e identidad propia en la que el juego, el arte, la literatura y la exploración del medio son experiencias fundamentales para el desarrollo integral de los niños (MEN, 2018). Desde este punto de vista, el trabajo pedagógico se orienta a crear ambientes enriquecedores, sensibles e intencionados donde los niños puedan expresarse, participar y construir conocimiento a partir de sus propias vivencias de la mano del docente (MEN, 2018).

A pesar de estos avances, en muchas instituciones todavía existe una distancia entre lo que plantean las políticas de educación inicial y lo que ocurre realmente en la práctica, debido a que predomina una lógica eficientista-curricular, es decir, una mirada demasiado centrada en cumplir contenidos y resultados, lo que termina fragmentando el aprendizaje. Por ejemplo, la lectoescritura a veces se trabaja de forma mecánica a través de la decodificación, la copia y el uso de guías poco relacionadas con la realidad de los niños, sin tener en cuenta sus ritmos de desarrollo y maduración (Santamarina Sancho & Núñez Delgado, 2021). Este tipo de prácticas puede generar "miedo, desmotivación, frustración, inseguridad y apatía" frente al lenguaje escrito porque se presentan como tareas té cnicas, obligatorias y descontextualizadas (Gallo, 2024, p. 8). Además, este enfoque suele dejar en un segundo plano aspectos fundamentales como el juego y la expresión corporal, que son claves para fortalecer la base psicomotriz que prepara al niño para aprendizajes posteriores (Papalia & Martorell, 2024).

Esta situación cobra aún más relevancia si se entiende que la lectoescritura no es solo un proceso cognitivo. Para que un niño pueda acercarse a la lectura y la escritura, también necesita fortalecer su esquema corporal, su coordinación visomotora, su motricidad fina, su lateralidad, su orientación espacial, su equilibrio, su atención, su memoria y su capacidad de autorregulación (Rigal, 2006; Pacori & Mamani, 2020). Por ejemplo, antes de hacer un trazo intencionado, el niño ya ha explorado con sus manos, ha a aprendido a controlar la presión, a coordinar la mirada con el movimiento, a reconocer direcciones, a organizar su postura y a darle sentido a lo que hace (Soto et al., 2019; De Souza Martins et al., 2022; Viera Prada, 2024). Así, el cuerpo no puede verse como un elemento separado del aprendizaje, sino como una base fundamental para que los niños puedan comprender, representar y comunicar.

Desde esta mirada, la psicomotricidad tiene un lugar central en la educación inicial, ya que no se trata solamente de hacer movimientos o ejercicios físicos, sino de proponer experiencias corporales con una intención pedagógica que ayuden a los niños a conocerse, a relacionarse con el espacio, a expresar emociones y a construir aprendizajes con sentido. A través de la psicomotricidad, el niño aprende desde su cuerpo porque cuando salta, se arrastra, moldea, ensarta, señala, sigue un circuito o dramatiza un cuento, también está fortaleciendo habilidades relacionadas con la lectura y la escritura inicial (De Souza Martins et al., 2019).

En este sentido, la lectoescritura en educación inicial debe entenderse como un proceso que se va dando progresivamente a medida que los niños se acercan a la cultura escrita. Antes de leer palabras, ellos ya leen el mundo cuando interpretan gestos, imágenes, señales, cuentos, recorridos, símbolos, sonidos y situaciones. De la misma manera, antes de escribir letras de forma convencional, ya empiezan a expresarse por medio de garabatos, dibujos, huellas y trazos que tienen un significado para ellos (MEN, 2016).

Por eso, es importante que el docente acompañe con sensibilidad estos procesos y valore esas primeras producciones como formas iniciales de comunicación y representación, sin exigir antes de tiempo una escritura formal que todavía requiere maduración corporal, cognitiva y emocional (SED, 2019). Así, el aprendizaje de la lectoescritura deja de ser una tarea mecánica y se convierte en una experiencia de significación del mundo.

Por lo anterior, este libro se centra en ofrecer un material de apoyo al docente con una propuesta pedagógica que ayude a integrar el cuerpo y el lenguaje. En lugar de ver la psicomotricidad como un momento separado de la jornada escolar, o la lectoescritura como una actividad limitada a la mesa y al lápiz, esta y vivencias en las que los niños puedan moverse, sentir, imaginar, hablar, crear y representar. De esta manera, se espera que el acercamiento a la lectura y la escritura sea más significativo y respetuoso de los ritmos de cada niño, reconociendo que la psicomotricidad hace parte esencial del aprendizaje simbólico y no es solo un prerrequisito mecánico (Gallo, 2024).

En educación inicial, el docente no solo dirige actividades, sino que observa, escucha, acompaña, pregunta, motiva y adapta las experiencias según las necesidades del grupo (SED, 2019). Su acompañamiento es escencial para que una acción corporal se convierta en aprendizaje. Por ejemplo, no basta con que el niño camine sobre una línea; es necesario que el docente lo ayude a reconocer dónde empezó, hacia dónde avanzó, qué sintió, qué recordó y qué significado puede tener ese recorrido, guiándolo por las etapas de percepción, comprensión y significación de la acción (De Souza Martins & Posada-Bernal, 2025). Así, la actividad deja de ser un ejercicio aislado y se convierte en una experiencia pedagógica situada.

Además, esta estrategia pedagógica reconoce que los niños aprenden a partir de las relaciones que construyen en su contexto. Por eso, aunque el libro está pensado principalmente para docentes, también tiene en cuenta el papel de la familia y los cuidadores. Desde el modelo ecológico de Bronfenbrenner (1987), el desarrollo infantil es el resultado de la participación activa en múltiples sistemas, donde la familia constituye el entorno más cercano para el crecimiento de los niños (Papalia & Martorell, 2024; Shelton, 2026).

Las experiencias que los niños viven en el aula también pueden continuar en casa de una manera sencilla. No se trata de repetir exactamente la actividad, sino de retomar su sentido en la vida cotidiana, ya que en el hogar se construyen vínculos afectivos que fortalecen la seguridad emocional y la disposición para aprender (Peñafiel Villarreal et al., 2023). Por eso, acciones como nombrar recorridos, jugar con sonidos, contar historias, observar señales, clasificar objetos, hablar sobre lo que el niño hizo en clase o permitirle explorar materiales del hogar ayudan a seguir fortaleciendo los aprendizajes en un ambiente cercano y afectivo.

De este modo, "Trazos en Juego" está pensado para el contexto colombiano y reconoce la diversidad de aulas, recursos y realidades que existen en el país. Por eso, las actividades propuestas son flexibles, adaptables y se pueden realizar con materiales sencillos. La intención no es ofrecer una receta única, sino una guía que cada docente pueda ajustar según las características de sus niños, su institución y su comunidad. Desde esta mirada, la innovación pedagógica se entiende como la capacidad del docente para adaptar y transformar su práctica de acuerdo con el entorno (MEN, 2014c).

El libro está organizado desde una mirada de la formación humana integral. Primero, presenta algunos elementos generales sobre la formación integral, la psicomotricidad y la lectoescritura en la educación inicial, entendiendo que el aprendizaje es un proceso neurobiológico complejo en el que el cerebro se apoya en los sentidos y en la acción corporal como caminos para construir conocimiento (De Souza Martins & Posada-Bernal, 2025). después, propone una planeación de actividades que conecta las habilidades psicomotrices con los procesos de lectoescritura, estructurada en unidades didácticas que ayudan a ordenar y secuenciar los contenidos de manera clara para favorecer un aprendizaje progresivo y significativo (Lucea, 1994).

Esta propuesta también incluye recomendaciones, adaptaciones según la edad y sugerencias para continuar el proceso en casa. Esto parte de reconocer que la familia y los cuidadores cumplen un papel fundamental en la formación de los niños (Peñafiel Villarreal et al., 2023). De esta manera, cada actividad busca mostrar que el aprendizaje se vuelve significativo cuando se unen: el cuerpo, la cognición, la emoción y la experiencia.