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Portada / Publicaciones / Estilo de vida / Reflexiones sobre los Estilos de Vida en el Contexto Escolar

Namuetcha Silva Ricardo*
El contenido de este texto aborda un tema que atraviesa el dÃa a dÃa de todos nosotros como seres humanos: se trata del estilo de vida que adoptamos, que nos es enseñado o incluso impuesto. El estilo de vida se refiere a los hábitos de alimentación, sueño, práctica de ejercicios y/o actividades fÃsicas, relaciones sociales, en fin, a todo aquello que compone nuestra relación con el mundo y nuestra forma de existir. La Organización Mundial de la Salud, a partir del concepto de salud adoptado en 1948 y de las discusiones sobre vida saludable (World Health Organization, 1999), nos permite comprender el término "estilo de vida" como una forma general de vivir basada en la interacción entre las condiciones de vida en un sentido amplio y los patrones individuales de conducta determinados por factores socioculturales y caracterÃsticas personales. Esta comprensión se relaciona con enfoques más recientes de la medicina sobre la salud, los cuales trabajan desde una perspectiva integral, entendiendo que como seres humanos estamos integrados al medio ambiente (social, cultural y polÃtico), factores que atraviesan nuestra existencia e influyen en nuestra salud; dentro de esta misma perspectiva se encuentra el estilo de vida.
Cada vez más, el cuidado del estilo de vida ha sido tema de estudios, discusiones y reflexiones académicas y sociales. Las razones para este creciente interés son diversas y complejas. Desde el inicio de la vida, ya se establecen las "reglas" y directrices sobre el estilo de vida considerado adecuado. El recién nacido debe dormir un número determinado de horas al dÃa, alimentarse en intervalos especÃficos, recibir estÃmulos de manera estructurada. Existe, por tanto, un verdadero manual de conductas, cuyo objetivo es que, desde el comienzo de la vida, este sujeto comience a desarrollar un estilo de vida, preferiblemente saludable.
Tener un estilo de vida saludable no se restringe únicamente a cuestiones alimentarias, aunque estas sean fundamentales. Se cree que a través de él se evitarán comportamientos considerados desviados o moralmente condenables por la sociedad. Al fin y al cabo, la lógica predominante sugiere que quien se alimenta bien seguramente dormirá mejor, tendrá disposición para realizar actividades y ejercicios fÃsicos, presentará mejor rendimiento académico, no consumirá alcohol ni drogas ilÃcitas, y utilizará menos los sistemas de salud, sean públicos o privados. Son innumerables, por tanto, las razones que se presentan para justificar el incentivo al llamado estilo de vida saludable desde el nacimiento.
Pero ¿y cuando esto no ocurre? ¿Y cuando las condiciones socioeconómicas, culturales y estructurales para alcanzar el estilo de vida considerado saludable están fuera del alcance real de una familia o individuo? En este contexto, surge una cuestión fundamental: ¿podrÃa la escuela ser un espacio privilegiado para construir aprendizajes significativos sobre este tema?
La propuesta aquà no es abordar el tema únicamente desde una perspectiva teórica (a veces poco accesible y comprensible, como suele aparecer en los libros de texto) sino de forma empÃrica, práctica y contextualizada. Entonces, ¿cómo puede la escuela contribuir efectivamente a esta reflexión crÃtica sobre estilos de vida y bienestar estudiantil? Para responder a estas preguntas, es fundamental comprender que la escuela, como institución social, posee caracterÃsticas únicas que la convierten en un entorno privilegiado para intervenir en los estilos de vida. A diferencia de otros espacios sociales, la escuela ofrece acceso universal, una permanencia prolongada de los estudiantes y la posibilidad de realizar acciones sistemáticas y continuas. Además, es en el ambiente escolar donde niños, niñas y adolescentes pasan gran parte de su tiempo activo, realizando no solo actividades de aprendizaje, sino también de alimentación, socialización y, en algunos casos, descanso.
Que la escuela es un espacio de múltiples vivencias es un hecho conocido; sin embargo, los lÃmites que puede alcanzar quizás no estén del todo claros. A veces son delineados, imaginados o soñados, pero la dimensión y el alcance que pueden tener las prácticas escolares ciertamente aún escapan al conocimiento de todos.
En el contexto brasileño, la escuela asume un papel aún más estratégico cuando se considera el perfil socioeconómico de la población estudiantil y las desigualdades sociales que caracterizan al paÃs. Según datos del Instituto Brasileño de GeografÃa y EstadÃstica (IBGE), una parte significativa de los estudiantes brasileños proviene de familias con limitaciones económicas que afectan directamente sus posibilidades de acceso a una alimentación adecuada, ambientes propicios para el descanso y prácticas regulares de actividad fÃsica. En este escenario, la escuela muchas veces se configura como el principal, y en ocasiones el único, espacio donde estos niños, niñas y adolescentes pueden acceder a condiciones favorables para el desarrollo de hábitos saludables.
En Brasil, el ingreso a la escuela es obligatorio a partir de los cuatro años de edad cumplidos. La educación básica obligatoria dura 14 años, divididos en: educación infantil (2 años); educación fundamental (9 años); y educación media (3 años). Esta permanencia prolongada en el entorno escolar, que puede superar una década en la vida de una persona, representa una ventana de oportunidad única para implementar prácticas sistemáticas de promoción de la salud y el bienestar. Es durante este perÃodo que se consolidan muchos de los hábitos que acompañarán al individuo a lo largo de su vida, incluyendo patrones alimentarios, rutinas de sueño y actitudes frente a la actividad fÃsica. Reconociendo esta potencialidad, diversas polÃticas públicas educativas han buscado ampliar no solo el tiempo de permanencia de los estudiantes en la escuela, sino también diversificar las experiencias ofrecidas en este espacio.
Además de la educación básica obligatoria, algunos municipios también ofrecen educación en jornada completa, como es el caso de Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais. En cuanto a la legislación municipal especÃfica sobre educación integral en Belo Horizonte, se destaca la Ley Ordinaria n.o. 8.432 de 2002, que establece la implementación de la jornada escolar de tiempo completo en la educación fundamental en instituciones municipales. A partir de esta ley, en 2007 se instituyó el Programa Escuela Integrada en las escuelas de Belo Horizonte.
El Programa Escuela Integrada (PEI) de Belo Horizonte es una polÃtica pública de educación integral implementada desde 2007 en la Red Municipal de Educación, presente en las 176 escuelas de educación fundamental del municipio (Prefeitura de Belo Horizonte, s.f.). Su objetivo principal es ampliar la jornada escolar diaria para promover una formación integral de los estudiantes en múltiples dimensiones: cognitiva, fÃsica, social, emocional, cultural y polÃtica.
Para las familias de los estudiantes que participan en el PEI, hay un incremento de aproximadamente 4 horas diarias en el tiempo de permanencia del estudiante en la escuela, tiempo durante el cual participa en talleres deportivos, artÃsticos, además de experiencias de ocio y recreación.
Sin embargo, es importante reconocer que la simple ampliación del tiempo escolar no garantiza automáticamente la mejora de los hábitos relacionados con el estilo de vida de los estudiantes. La efectividad de programas como el PEI depende de una serie de factores, incluyendo la calidad de las actividades ofrecidas, la formación de los profesionales involucrados, la adecuación de la infraestructura fÃsica y la articulación con las familias y la comunidad. Además, persisten desafÃos relacionados con lo que ocurre en el tiempo en que los estudiantes no están en la escuela, especialmente en lo que respecta a los patrones de sueño y las decisiones alimentarias tomadas en el entorno familiar.
Ante este escenario, se vuelve fundamental investigar de qué manera iniciativas como el Programa Escuela Integrada impactan en la realidad de los estudiantes atendidos. Este texto presenta reflexiones sobre las experiencias vividas durante la atención del PEI en una escuela municipal de la ciudad de Belo Horizonte.
Este texto constituye un relato de experiencia pedagógica desarrollada durante mi actuación como monitora en el Programa Escuela Integrada de una escuela municipal de Belo Horizonte, con el objetivo de compartir prácticas vividas que contribuyen a la mejora del estilo de vida de los estudiantes en el entorno escolar.
El concepto del término estilo de vida está directamente relacionado con el concepto de salud. En un enfoque contemporáneo, ambos términos se refieren a la constitución integral de la vida, es decir, a que todo en nuestra existencia está interconectado.
No es posible entender la salud únicamente como enfermedad o dolencia; es necesario comprender que estar saludable o no está vinculado con las relaciones que mantenemos, el entorno en el que vivimos, las personas con quienes nos relacionamos y, aún más, con los sentimientos que experimentamos en medio de todo ello. Dentro de este mismo paradigma se encuentra el estilo de vida. El término cobra mayor sentido cuando se acompaña del adjetivo saludable, es decir, estilo de vida saludable, que en el lenguaje común remite a comportamientos socialmente aceptables: alimentación balanceada, práctica regular de actividad fÃsica, ausencia de consumo de drogas ilÃcitas, buenas relaciones sociales, formación educativa, entre otros requisitos.
Sin embargo, cuando dirigimos la mirada hacia poblaciones especÃficas, como niños, niñas y adolescentes, ese concepto idealizado de estilo de vida saludable presenta complejidades particulares que merecen especial atención. La infancia y la juventud representan perÃodos de intensas transformaciones biológicas, psicológicas y sociales, en los cuales los patrones de comportamiento están en constante construcción y negociación. En esta etapa de la vida, el estilo de vida no es únicamente una cuestión de decisiones individuales, sino que también refleja presiones sociales, influencias tecnológicas, limitaciones económicas familiares y procesos de construcción identitaria que hacen de este tema algo aún más relevante y desafiante.
Teniendo en cuenta que gran parte de la infancia y la juventud de niños, niñas y adolescentes brasileños se vive dentro de las escuelas, es necesario considerar la influencia que este espacio tiene sobre el estilo de vida de estos sujetos. Reconociendo la importancia de la escuela en la vida de los estudiantes, el Ministerio de Salud, en alianza con el Instituto Brasileño de GeografÃa y EstadÃstica (IBGE) y en colaboración con el Ministerio de Educación (MEC), inició en 2009 la Encuesta Nacional de Salud del Escolar (PeNSE), una investigación periódica que se ha realizado desde entonces, con nuevas ediciones en 2012, 2015, 2019 y 2024. Los datos correspondientes al año 2024 aún no están disponibles para el público; sin embargo, los resultados de los años anteriores sà lo están y ofrecen información importante y compleja para contextualizar el estilo de vida.

Figura 1. Investigación PeNSE, IBGE - Brasil - Nota. IBGE (2022).
En la figura anterior presenta el esquema visual de la investigación realizada. La publicación del año 2022 reunió los resultados de las primeras ediciones; las conclusiones presentadas fueron elaboradas a partir de la comparación entre los datos recolectados en cada edición, compartiendo tanto aspectos positivos como negativos dentro del panorama general. Cabe resaltar que, aunque no se trata de una investigación dirigida especÃficamente a conocer el estilo de vida de los estudiantes, los elementos que la componen pueden ser utilizados para caracterizarlo.
Uno de los aspectos más preocupantes se refiere a la percepción corporal de los estudiantes. Entre 2009 y 2019, aumentó el número de estudiantes insatisfechos con su propio cuerpo: la proporción de quienes se consideraban gordos o muy gordos pasó de 17,5% a 23,2%, mientras que la de quienes se consideraban delgados o muy delgados pasó de 21,9% a 28,6%, según los resultados, el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que se consideran delgados(as) o muy delgados(as), por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2022). Estos datos revelan cómo las cuestiones relacionadas con la autoimagen y la autoestima se han intensificado entre los jóvenes, aspectos fundamentales para el bienestar psicológico y que influyen directamente en el desarrollo de un estilo de vida equilibrado.
En el ámbito de la seguridad y la violencia, los datos muestran escenarios alarmantes que impactan directamente el dÃa a dÃa escolar. El porcentaje de escolares que sufrieron agresión fÃsica por parte de un adulto de la familia aumentó progresivamente: de 9,4% en 2009 a 11,6% en 2012 y 16,0% en 2015 (IBGE, 2022). Paralelamente, se duplicó el porcentaje de escolares que faltaron al menos un dÃa a clases por no sentirse seguros en el trayecto o en la escuela: de 8,6% en 2009 a 17,3% en 2019, donde los resultados muestran que el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica, entre quienes viajaron en el asiento delantero como pasajeros, que nunca o rara vez usaron el cinturón de seguridad en los 30 dÃas anteriores a la encuesta, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2022). Estos indicadores demuestran cómo la violencia, tanto doméstica como en el entorno escolar, se ha convertido en un factor determinante en las experiencias educativas de los adolescentes brasileños.
En cuanto a los comportamientos sexuales y reproductivos, los datos evidencian cambios en los patrones entre géneros. El porcentaje de escolares que ya han tenido relaciones sexuales pasó de 27,9% en 2009 a 28,5% en 2019, manteniéndose relativamente estable; en este sentido el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que han tenido relaciones sexuales alguna vez, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2022). No obstante, se observan tendencias distintas por género: en los niños, la proporción disminuyó de 40,2% a 34,6% en el perÃodo, mientras que en las niñas aumentó de 16,9% a 22,6% (IBGE, 2022).
Más preocupante aún es la reducción en el uso de preservativos: entre 2009 y 2019, el porcentaje de escolares que usaron condón en su última relación sexual cayó de 72,5% a 59%. Entre las niñas, la disminución fue de 69,1% a 53,5%, y entre los niños, de 74,1% a 62,8% (IBGE, 2022).
En lo que respecta al consumo de sustancias, los datos muestran tendencias contradictorias. La proporción de estudiantes que fumaron cigarrillos al menos uno o dos dÃas en los 30 dÃas previos a la encuesta disminuyó de 16,8% en 2009 a 13,1% en 2019, donde el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que han fumado cigarrillos alguna vez en la vida, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2022). Por otro lado, la experimentación de bebidas alcohólicas aumentó de 52,9% en 2012 a 63,2% en 2019, siendo este incremento más pronunciado entre las niñas, que pasaron de 55% en 2012 a 67,4% en 2019 (IBGE, 2022). Para los niños, el indicador pasó de 50,4% en 2012 a 58,8% en 2019 (IBGE, 2022). Adicionalmente, la experimentación o exposición al uso de drogas aumentó de 8,2% en 2009 a 12,1% en 2019 (IBGE, 2022).
El análisis de los resultados de la investigación demuestra que los estudiantes, en general, viven en un mundo de inestabilidades y cambios constantes en su estilo de vida, lo que refuerza la necesidad de implementar medidas progresivas dentro de las instituciones educativas, sin importar su naturaleza.
Según el último censo poblacional realizado por el Instituto Brasileño de GeografÃa y EstadÃstica en 2022, la ciudad de Belo Horizonte cuenta con una población de 2.315.560 personas. De ese total, el grupo etario de niños, niñas y adolescentes era de 452.963 personas menores de 15 años (19,07% de la población total). Dentro de este grupo, el censo identificó que el 98% de quienes tenÃan entre 6 y 14 años estaban escolarizados en instituciones públicas y privadas (IBGE, 2022).
De acuerdo con el censo escolar de 2024, la mayorÃa de los estudiantes de educación básica en la capital de Minas Gerais están matriculados en colegios privados, con 183.028 estudiantes (37% de las matrÃculas), superando a las redes municipal (32,7%) y estatal (29,3%) (IBGE, 2024). No obstante, la atención educativa ofrecida por la alcaldÃa sigue siendo destacada a nivel nacional, especialmente en lo que respecta a la jornada escolar completa. En el año 2025, según datos de la SecretarÃa Municipal de Educación de Belo Horizonte, se registró un aumento de 8.000 a 14.000 cupos en educación infantil en jornada completa, lo que representa un incremento del 70% (SecretarÃa Municipal de Educación de Belo Horizonte, 2025).
El Instituto Brasileño de GeografÃa y EstadÃstica, a través de la Encuesta Nacional de Salud del Escolar (PeNSE), obtuvo resultados importantes en las capitales brasileñas, lo que permitió realizar un análisis continuo entre los años 2009 y 2019 sobre diversos aspectos de la salud. A continuación, se presentan datos relacionados con componentes del estilo de vida de estudiantes de instituciones públicas y privadas de la ciudad de Belo Horizonte (IBGE, 2019).
Comenzamos con los datos relacionados con la alimentación escolar. Según el informe de la investigación, Belo Horizonte alcanzó resultados notables en el consumo de alimentos considerados indicadores de una alimentación saludable. La ciudad lidera el ranking nacional en el consumo de legumbres y verduras, con un 44,0% de estudiantes que consumen estos alimentos cinco dÃas o más por semana en 2019, un porcentaje significativamente superior al promedio nacional de 29,7%. Esta diferencia de 14,3 puntos porcentuales posiciona a Belo Horizonte como una ciudad destacada entre las 33 capitales analizadas; de este modo el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que realizan sus comidas simultáneamente con otras actividades, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2019).
En cuanto al consumo de frutas frescas, la capital de Minas Gerais ocupa el segundo lugar a nivel nacional, con un 34,0% de estudiantes que mantienen un consumo regular, en comparación con el promedio de 28,4% en las demás capitales. De manera similar, en el consumo de frÃjol, alimento tradicionalmente importante en la dieta brasileña, Belo Horizonte también se ubica en el segundo lugar, con un 69,2% de estudiantes que lo consumen regularmente, mientras que el promedio nacional es de 53,9% (IBGE, 2019).
Estos datos son de suma importancia, ya que representan un panorama de un elemento fundamental en el estilo de vida. Sabemos que la alimentación, junto con otros factores responsable del rendimiento y desarrollo fÃsico, cognitivo y mental de los estudiantes. Como señalan los estudios de Osita (2024), una buena nutrición promueve la salud y el bienestar óptimos, además de contribuir al desarrollo mental y cognitivo adecuado. Por el contrario, la desnutrición, que incluye la subnutrición, deficiencia de vitaminas o minerales, sobrepeso u obesidad, afecta negativamente el desarrollo fÃsico y mental de los niños. A nivel global, la desnutrición causa más muertes que la violencia, los desastres naturales y otras enfermedades. Puede provocar retraso en el crecimiento (baja estatura), emaciación (bajo peso para la estatura) y desnutrición aguda grave en niños (Osita, 2024).
Una dieta saludable, rica en vegetales y frutas, está asociada con una mejor salud mental y bienestar (Orlando et al., 2014). Por el contrario, los patrones alimentarios no saludables, ricos en grasas saturadas, carbohidratos refinados y alimentos procesados, están vinculados a peores resultados en salud mental. La desnutrición puede derivar en manifestaciones de problemas de salud mental como estrés, depresión, ansiedad y otros trastornos debilitantes. Los niños desnutridos son más propensos a presentar problemas emocionales (Orlando et al., 2014).
Estudios han demostrado que la nutrición tiene un impacto significativo en la salud mental y el bienestar de los niños en edad escolar (Black et al., 2020). Para optimizar los resultados en salud mental infantil, el acceso a alimentos saludables y nutritivos es crucial.
A la luz de los datos y referencias presentados, se evidencia claramente que la alimentación dentro y fuera de las escuelas debe ser observada con atención, ya que influirá en el comportamiento fÃsico, mental y emocional de los estudiantes.
Los resultados relacionados con la ciudad de Belo Horizonte muestran un panorama importante que debe ser considerado en futuras investigaciones, con el fin de comprender la asociación e incluso la correlación con aspectos como la capacidad de aprendizaje y la disposición para realizar actividades de diversas naturalezas.
Otro aspecto evaluado por el informe fue el consumo o la experimentación de sustancias ilÃcitas (drogas) por parte de adolescentes. El análisis de los datos de la PeNSE sobre el uso de otras drogas (exceptuando alcohol y tabaco) revela que Belo Horizonte presenta una situación preocupante en el contexto nacional, ocupando posiciones desfavorables en la mayorÃa de los indicadores relacionados con la experimentación y el uso precoz de sustancias ilÃcitas entre estudiantes de 9.o. grado (IBGE, 2019).
En 2019, Belo Horizonte ocupó el puesto 19 entre las 27 capitales brasileñas tanto en el porcentaje de estudiantes que habÃan consumido drogas alguna vez en la vida (13,6%) como en el uso precoz de estas sustancias a los 13 años o menos (7,1%), con esto el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que han consumido drogas alguna vez en la vida, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2019). Esta posición sitúa a la capital de Minas Gerais dentro del grupo de ciudades con mayores Ãndices de experimentación de drogas, superando el promedio nacional de las capitales, que fue de 12,1% para consumo en la vida y 5,8% para consumo precoz (IBGE, 2019).
El consumo de drogas por parte de adolescentes es una realidad que cobra cada vez más fuerza en el contexto nacional, y va en contravÃa de los múltiples intentos por frenar esta práctica. Charlas y programas como el Programa Educativo de Resistencia a las Drogas y la Violencia (PROERD), realizado por la policÃa militar en diversas escuelas brasileñas, buscan revertir esta situación que, lamentablemente, como lo muestran los datos, está cada vez más presente en los entornos escolares.
El uso de drogas ilÃcitas por parte de niños, niñas y adolescentes menores de 14 años está asociado a diversos impactos negativos en el desarrollo cognitivo. Estos efectos implican alteraciones en funciones mentales esenciales para el aprendizaje y el desarrollo escolar.
El consumo de sustancias como marihuana y cocaÃna compromete la capacidad de concentración y retención de información, afectando la memoria a corto plazo y la atención sostenida en tareas académicas y cotidianas. Un estudio realizado en Brasil por investigadores de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul detectó que entre adolescentes consumidores y no consumidores de marihuana existe una diferencia considerable en el desempeño neuropsicológico (Oliveira et al., 2007), concluyendo que la marihuana puede afectar funciones cognitivas en adolescentes consumidores. Este estudio también presentó otros hallazgos, como la interferencia en la capacidad de tomar decisiones por parte de quienes consumen la droga, lo que lleva a concluir que el uso puede comprometer el rendimiento escolar.
Al asociar esta investigación con el contexto de la ciudad de Belo Horizonte hasta el año 2019, se puede discutir la necesidad de vigilancia y acciones directas dirigidas a esta población, ya que, aunque la ciudad presenta una tasa positiva de alfabetización, esta puede estar siendo afectada por factores como el consumo de drogas ilÃcitas, que limitan la capacidad pedagógica formativa de los estudiantes.
El análisis de los datos de la PeNSE sobre imagen corporal revela que Belo Horizonte enfrenta una situación crÃtica en el contexto nacional, presentando algunos de los peores indicadores de insatisfacción corporal entre adolescentes de las capitales brasileñas. La capital de Minas Gerais muestra un deterioro alarmante en la percepción corporal de los estudiantes a lo largo de la última década.
En 2019, Belo Horizonte ocupó posiciones desfavorables en la mayorÃa de los indicadores relacionados con la imagen corporal. La ciudad se ubicó en el puesto 25 entre 27 capitales en el porcentaje de estudiantes que se consideran gordos o muy gordos (25,9%), situándose entre las tres peores capitales del paÃs en este aspecto. De manera similar, ocupó el puesto 24 en el porcentaje de estudiantes que intentan perder peso (32,9%), lo que indica una alta insatisfacción corporal relacionada con el peso, donde el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que se consideran delgados(as) o muy delgados(as), por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2019).
El análisis longitudinal revela una de las tendencias más preocupantes observadas en los datos de la PeNSE. Entre 2009 y 2019, Belo Horizonte registró aumentos dramáticos en la insatisfacción corporal: el porcentaje de estudiantes que se consideran delgados o muy delgados creció 7,7 puntos porcentuales (de 20,6% a 28,3%), mientras que aquellos que se consideran gordos o muy gordos aumentaron 7,8 puntos porcentuales (de 18,0% a 25,9%). Paralelamente, el porcentaje de estudiantes que intentan perder peso creció 4,3 puntos porcentuales (de 28,6% a 32,9%) (IBGE, 2022).
Los datos de Belo Horizonte son particularmente preocupantes cuando se consideran en el contexto de la salud mental adolescente. La alta prevalencia de insatisfacción corporal (con más del 50% de los estudiantes considerándose muy delgados o muy gordos), asociada al crecimiento acelerado de estos indicadores, sugiere una crisis emergente en la autoestima y el bienestar psicológico de los jóvenes de la capital (IBGE, 2022).
La imagen corporal es un aspecto importante cuando se piensa en el estilo de vida de los estudiantes. Esta no está asociada únicamente con cuestiones de peso, sino sobre todo con la necesidad de ajustarse a patrones sociales y estéticos que definen lo aceptable o lo rechazado dentro de los cÃrculos sociales. La adolescencia es una etapa especialmente sensible frente a esta cuestión, ya que recoge los anhelos de los sujetos por ser aceptados en sus grupos sociales. Es un perÃodo de descubrimientos personales sobre cómo reconocerse dentro de una sociedad tan heterogénea, una etapa de cambios hormonales que influyen en el comportamiento y el desarrollo fÃsico, lo que lleva directamente a cuestiones de percepción de la imagen corporal.
El papel de la escuela se vuelve fundamental en este escenario. Aunque el hogar y la familia deben ser la base de esta discusión, la escuela, como espacio formador, tiene la capacidad de contribuir para que el tema se aborde de manera cotidiana en las prácticas pedagógicas.
El análisis de los datos de la PeNSE sobre comportamiento sedentario revela que Belo Horizonte presenta un perfil complejo en el contexto nacional, caracterizado por buenos indicadores de actividad fÃsica combinados con altos niveles de sedentarismo (IBGE, 2019). Esta aparente contradicción refleja un fenómeno tÃpico de la era digital en la que vivimos, donde los jóvenes practican deportes, pero también pasan largos periodos en actividades que requieren permanecer sentados.
Belo Horizonte ocupa simultáneamente el séptimo lugar a nivel nacional entre las capitales con mayor porcentaje de estudiantes activos (34,5%) y el puesto 23 en el ranking de comportamiento sedentario, con un 64,1% de estudiantes que pasan más de tres horas diarias en actividades sentadas; asà el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que suelen realizar actividades sentados más de tres horas diarias, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2019).
El análisis longitudinal muestra uno de los cambios más significativos observados en todos los indicadores de la PeNSE. Entre 2009 y 2019, el porcentaje de estudiantes que pasan más de tres horas diarias en actividades sedentarias aumentó de 37,5% a 64,1%, lo que representa un incremento de 26,6 puntos porcentuales (IBGE, 2022).
Paralelamente al aumento del sedentarismo, se observó una reducción en el tiempo dedicado a ver televisión, que pasó de 63,0% en 2009 a 43,0% en 2019, una disminución de 20 puntos porcentuales. Esta transformación sugiere una migración del consumo de medios tradicionales (televisión) hacia otras formas de entretenimiento digital, como celulares, tabletas, computadores y videojuegos, que mantienen a los jóvenes en posición sedentaria durante largos periodos (IBGE, 2022).
El periodo analizado (2009-2019) coincide exactamente con la masificación de los dispositivos móviles y las redes sociales en Brasil. La combinación entre la reducción del consumo de televisión (-20 puntos porcentuales) y el aumento explosivo del sedentarismo (+26,6 puntos porcentuales) sugiere un cambio fundamental en los hábitos de ocio de los adolescentes, quienes han migrado hacia actividades digitales interactivas que requieren permanecer sentados por largos periodos (IBGE, 2022).
El comportamiento sedentario, al igual que la práctica de ejercicio fÃsico, corresponde a factores determinantes del estilo de vida, saludable o no. Como lo señalan los resultados de la investigación, niños, niñas y adolescentes requieren atención especial dentro de este escenario, considerando el impacto que puede tener en su proceso formativo pedagógico (IBGE, 2022). Existen diversos estudios que ya han comprobado la teorÃa de que la práctica de ejercicio fÃsico es fundamental para el proceso de aprendizaje pedagógico, especialmente en la infancia y la adolescencia.
El Programa Escuela Integrada (PEI) de Belo Horizonte constituye una de las experiencias más consolidadas de educación integral en el contexto educativo brasileño. Implementado desde 2007 en la Red Municipal de Educación de la capital de Minas Gerais, el programa representa una polÃtica pública estructural que busca promover la formación integral de los estudiantes mediante la ampliación de la jornada escolar (Prefeitura de Belo Horizonte, s.f.).
La creación del PEI se fundamenta en la Ley Ordinaria n.o. 8.432 de 2002, que establece la implementación de la jornada escolar de tiempo completo en la educación básica de las instituciones municipales de enseñanza de Belo Horizonte (Belo Horizonte, 2002). Esta legislación pionera se adelantó a las discusiones nacionales sobre educación integral, demostrando el compromiso del municipio con la ampliación de las oportunidades educativas ofrecidas a los estudiantes de la red pública.
Actualmente, el PEI está presente en las 176 escuelas de educación básica de la Red Municipal de Educación de Belo Horizonte (SecretarÃa Municipal de Educación de Belo Horizonte, 2025), configurándose como una polÃtica universal dentro del sistema municipal de enseñanza. Esta cobertura amplia representa un diferencial significativo en el contexto nacional, donde muchos programas de educación integral aún tienen carácter experimental o parcial.
El programa atiende a estudiantes desde primero hasta noveno grado de educación básica, ofreciendo una ampliación promedio de 4 horas diarias en la jornada escolar (SecretarÃa Municipal de Educación de Belo Horizonte, 2025). Esta extensión no se caracteriza únicamente como un aumento cuantitativo del tiempo de permanencia en la escuela, sino que busca proporcionar una experiencia educativa cualitativamente diferenciada, basada en los principios de la educación integral.
La concepción pedagógica del PEI se fundamenta en la idea de que la educación integral debe promover el desarrollo humano en múltiples dimensiones: cognitiva, fÃsica, social, emocional, cultural y polÃtica (Prefeitura de Belo Horizonte, s.f.).
El programa se estructura en torno a ejes formativos que incluyen acompañamiento pedagógico, deporte y recreación, derechos humanos en educación, cultura y artes, cultura digital, promoción de la salud, comunicación y uso de medios, investigación en el campo de las ciencias naturales y educación económica (SecretarÃa Municipal de Educación de Belo Horizonte, 2025). Esta diversidad de ejes busca contemplar diferentes formas de aprendizaje y expresión, reconociendo la heterogeneidad de los estudiantes y sus múltiples inteligencias.
Este trabajo se caracteriza como un relato de experiencia pedagógica, una modalidad de producción cientÃfica que se fundamenta en la sistematización y el análisis crÃtico de prácticas educativas desarrolladas en contextos reales de enseñanza.
Según Daltro y Faria (2019), el relato de experiencia constituye una herramienta importante para la investigación y reflexión sobre la práctica docente, permitiendo la construcción de conocimientos a partir de la sistematización de vivencias profesionales concretas.
Durante mi actuación como monitora en el Programa Escuela Integrada de una institución educativa municipal de Belo Horizonte, pude observar y desarrollar estrategias pedagógicas orientadas a mejorar el estilo de vida de los estudiantes. Las experiencias aquà relatadas fueron desarrolladas con dos grupos distintos de estudiantes, en momentos diferentes, y dieron lugar a intervenciones especÃficas para cada grupo etario.
Para preservar la identidad de los estudiantes involucrados, la institución será denominada "Escuela Sol", nombre ficticio adoptado para referenciar el lugar donde se desarrollaron estas prácticas.
La Escuela Sol está ubicada en la zona norte de Belo Horizonte, en el lÃmite entre uno de los barrios más exclusivos de la ciudad y sectores periféricos, lo que la convierte en un centro receptor de niños, niñas y adolescentes provenientes de diferentes clases sociales.
Durante el año lectivo de 2023, al desempeñarme como docente en el Programa Escuela Integrada de la Escuela Sol, observé comportamientos preocupantes en un grupo de sexto grado de educación básica. Los 25 estudiantes del grupo, con edades entre 11 y 12 años, mostraban un patrón constante de desánimo, baja participación en las actividades del contraturno y somnolencia excesiva durante las clases. Además, gran parte de estos estudiantes se encontraba en proceso de recuperación en las asignaturas del currÃculo básico común, lo que indicaba dificultades académicas posiblemente relacionadas con factores externos a la escuela.
Estos estudiantes asistÃan a la jornada regular en el turno de la mañana, de 7:00 a.m. a 11:20 a.m., y permanecÃan en la institución para las actividades del Programa Escuela Integrada hasta aproximadamente las 4:00 p.m. Durante el contraturno, participaban en clases de taekwondo, danza, capoeira, manualidades, educación fÃsica, judo, informática y refuerzo escolar. Sin embargo, el nivel de compromiso con estas actividades era visiblemente bajo, con estudiantes que mostraban cansancio, irritabilidad y dificultad para concentrarse.
Ante esta realidad, propuse realizar una charla grupal con el objetivo de comprender mejor la rutina fuera de la escuela de los estudiantes e identificar posibles correlaciones entre sus hábitos de vida y el comportamiento observado en el aula. La actividad se llevó a cabo en un ambiente acogedor, durante el horario destinado al refuerzo escolar, y contó con la participación de una monitora del programa.
Inicié la conversación con preguntas informales, buscando crear un ambiente de confianza donde los estudiantes pudieran expresar libremente sus hábitos. Al preguntar "¿Qué hacen cuando no están en la escuela?", las respuestas fueron sorprendentemente similares: "Veo televisión" "duermo",, "me quedo en el celular hasta tarde". Estas fueron las respuestas más frecuentes, revelando un patrón de comportamiento centrado en el consumo pasivo de medios y el uso excesivo de dispositivos electrónicos.
Luego pregunté sobre los horarios de sueño: "¿A qué hora suelen dormir?". La respuesta tÃpica fue: "¡Ah! Duermo tarde, después de medianoche. Me quedo en el celular… ". Al preguntar si no se sentÃan cansados, respondÃan: "SÃ, tengo sueño en clase, pero no puedo cambiar, soy asÃ… ". Esta afirmación reveló no solo el reconocimiento del problema, sino también una sensación de impotencia frente a la situación.
Los relatos eran notablemente similares entre todos los estudiantes. DescribÃan una rutina fuera de la escuela caracterizada por: llegada a casa después de la jornada escolar, alimentación rápida y poco estructurada, largos periodos viendo televisión o usando dispositivos móviles, y una ausencia casi total de actividades fÃsicas o de ocio estructuradas fuera del entorno escolar. Fueron pocos los casos en los que los estudiantes mencionaron practicar algún deporte o asistir a actividades extracurriculares distintas a las ofrecidas por la escuela.
Con base en los relatos recolectados, desarrollé una intervención educativa enfocada en la concientización sobre la relación entre los hábitos de vida y el rendimiento escolar. La estrategia consistió en una exposición dialogada, utilizando un lenguaje accesible para la edad del grupo, en la que expliqué las conexiones fisiológicas entre el sueño, la alimentación, la actividad fÃsica y la capacidad de aprendizaje.
Expliqué a los estudiantes que cuando no dormimos adecuadamente, nuestro cuerpo no logra descansar por completo, lo que afecta la consolidación de la memoria y la capacidad de concentración al dÃa siguiente. Discutimos cómo el uso excesivo de pantallas, especialmente antes de dormir, interfiere en la producción de melatonina, hormona responsable de regular el sueño, dificultando el proceso de conciliación del sueño y afectando la calidad del descanso.
También abordé el tema de la alimentación, explicando que cuando no nos alimentamos correctamente, nuestro cuerpo no recibe los nutrientes necesarios para generar energÃa, lo que impacta directamente nuestra capacidad para pensar, concentrarnos y participar en actividades fÃsicas. Utilicé ejemplos prácticos, comparando el cuerpo humano con un carro que necesita el combustible adecuado para funcionar bien.
En cuanto al control de impulsos y el uso de pantallas digitales, expliqué que nuestra mente necesita aprender a tener momentos de pausa y reflexión. Cuando estamos constantemente estimulados por pantallas y contenidos digitales, perdemos la capacidad de enfocarnos en una sola actividad por periodos prolongados, lo que perjudica tanto el aprendizaje como la posibilidad de disfrutar otras experiencias de vida.
Durante toda la exposición, incentivé la participación de los estudiantes, preguntando si reconocÃan estos patrones en sus propias vidas y si lograban establecer conexiones entre sus hábitos y las dificultades que enfrentaban en la escuela. La respuesta fue positiva, con varios estudiantes que manifestaron reconocer las situaciones descritas y mostraron interés en comprender mejor estas relaciones.
Después de implementar esta estrategia educativa, observé cambios graduales en el comportamiento de los estudiantes. Aunque no todos lograron modificar de inmediato sus hábitos fuera de la escuela (lo cual era esperable, considerando las limitaciones del contexto familiar), hubo una mayor conciencia sobre la relación entre estilo de vida y rendimiento escolar. Algunos estudiantes comenzaron a relatar intentos de cambiar sus rutinas de sueño, otros mostraron mayor interés en participar en las actividades fÃsicas ofrecidas por la escuela, y se evidenció un aumento general en la participación durante las discusiones sobre salud y bienestar.
En otro momento de mi actuación en el Programa Escuela Integrada, identifiqué una problemática diferente al trabajar con estudiantes de 3.o., 4.o. y 5.o. grado de educación básica. Estos estudiantes, con edades entre 8 y 10 años, presentaban dificultades especÃficas relacionadas con la transición entre las actividades del contraturno (PEI) en la jornada de la mañana y las clases regulares en la jornada de la tarde. El problema se manifestaba a través de cansancio excesivo, irritabilidad y bajo rendimiento durante las clases regulares vespertinas.
Los estudiantes de este grupo etario participaban en las actividades del Programa Escuela Integrada en la mañana, de 8:00 a.m. a 1:00 p.m., donde se ofrecÃan talleres de arte, deportes, danza, informática, manualidades y refuerzo escolar. Después del almuerzo proporcionado por la escuela, debÃan iniciar inmediatamente las clases regulares de la tarde, de 1:00 p.m. a 5:00 p.m., con las asignaturas obligatorias del currÃculo básico común brasileño.
Durante las primeras semanas de observación, noté que los estudiantes llegaban a la jornada de la tarde mostrando señales claras de fatiga mental y fÃsica. Muchos presentaban comportamientos de irritabilidad, dificultad para concentrarse y somnolencia durante las clases regulares. Los docentes del turno vespertino también reportaban dificultades para mantener la atención de los estudiantes, quienes parecÃan "desconectados" y poco receptivos a los contenidos curriculares, lo que comprometÃa significativamente el proceso de aprendizaje de las asignaturas fundamentales.
La situación era particularmente preocupante porque el turno de la tarde estaba destinado a la enseñanza regular obligatoria, incluyendo asignaturas como Lengua Portuguesa, Matemáticas, Ciencias e Historia. El bajo rendimiento en este periodo podÃa impactar directamente el desempeño académico general de los estudiantes, creando una paradoja en la que el programa diseñado para enriquecer la experiencia educativa terminaba afectando negativamente el aprovechamiento del currÃculo básico.
Considerando las caracterÃsticas de esta franja etaria, identifiqué que los estudiantes necesitaban un periodo de descanso entre las actividades matutinas del PEI y el inicio de las clases regulares de la tarde. Los niños entre 8 y 10 años aún están desarrollando su capacidad de autorregulación emocional y presentan necesidades diferenciadas de descanso, especialmente después de un periodo intenso de actividades diversas como las ofrecidas en el contraturno.
Desarrollé entonces una estrategia de intervención basada en la reorganización de la rutina escolar, incorporando periodos estructurados de descanso entre el final de las actividades del PEI (11:00 a.m.) y el inicio de las clases regulares (1:00 p.m.). Aunque el tiempo disponible era limitado (pues debÃan almorzar y recoger sus materiales guardados), era posible crear un momento de transición más adecuado a las necesidades de los estudiantes.
Para los estudiantes de 3.o. y 4.o. grado, implementé un periodo de 30 a 45 minutos de "tiempo de transición tranquila" justo después del almuerzo. Este periodo se desarrollaba en un ambiente preparado especÃficamente para facilitar el cambio de ritmo: una sala con iluminación tenue, música instrumental suave de fondo, colchonetas disponibles para quienes quisieran acostarse (incluso si no lograban dormir, el acto de acostarse y relajarse era promovido). Las actividades ofrecidas incluÃan relajación guiada, donde conducÃa ejercicios simples de respiración; momentos de lectura silenciosa, donde los estudiantes podÃan escoger libros de su interés; y actividades manuales tranquilas como dibujo libre, plastilina o juegos de construcción que no exigieran alta concentración.
Durante este periodo, orienté a los estudiantes sobre la importancia de "preparar la mente para aprender" después de un periodo de actividades más dinámicas. Les expliqué, en un lenguaje adecuado a su edad, que, asà como nuestro cuerpo necesita momentos de calma después del ejercicio fÃsico, nuestra mente también necesita tiempo para reorganizarse antes de enfocarse en actividades que requieren mayor concentración, como las asignaturas del turno regular.
Para los estudiantes de 5.o. grado, considerando su mayor madurez y diferentes necesidades, ofrecà también periodos de 30 a 45 minutos de "preparación para las clases" con mayor autonomÃa en la elección de actividades. Estos estudiantes podÃan optar por descansar, conversar, prepararse con calma para el siguiente turno, o leer, escribir, dibujar, según lo que estuviera más relacionado con su contexto y bienestar. El enfoque era menos directivo, permitiendo que los propios estudiantes identificaran qué tipo de actividad les ayudaba a prepararse mejor para las clases regulares.
Los resultados observados fueron significativos y se evidenciaron desde la primera semana de implementación. Los estudiantes llegaban a las clases regulares mostrando mayor disposición para participar en las actividades curriculares, con niveles visiblemente reducidos de irritabilidad y conflictos entre compañeros.
Los docentes del turno vespertino reportaron una mejora significativa en el ambiente del aula y mayor facilidad para desarrollar los contenidos curriculares.
Observaron que los estudiantes se mostraban más receptivos a las propuestas pedagógicas, participaban más activamente en las discusiones en clase y presentaban mejor desempeño en la realización de actividades escritas y ejercicios prácticos.
Además, noté que los estudiantes comenzaron a desarrollar mayor conciencia sobre sus propias necesidades de regulación emocional y energética. Muchos empezaron a verbalizar cuando se sentÃan muy "agitados" después de las actividades del PEI y a buscar estrategias adecuadas para calmarse antes de las clases. Algunos desarrollaron preferencias especÃficas por ciertos tipos de actividades de transición, demostrando mayor
autoconocimiento sobre sus ritmos personales y necesidades individuales.
El impacto positivo también se reflejó en el aprovechamiento de las propias actividades del PEI. Al saber que tendrÃan un momento de descanso antes de las clases regulares, los estudiantes se permitÃan mayor compromiso en los talleres matutinos, participando con más entusiasmo en actividades fÃsicas y creativas, sin la preocupación de quedar "muy cansados" para las clases de la tarde.
Esta experiencia evidenció la importancia de considerar el proceso de cada franja etaria, además de las necesidades individuales de cada estudiante. La simple incorporación de un periodo corto pero estructurado de transición entre actividades de diferentes naturalezas resultó en una mejora tanto en el aprovechamiento de la enseñanza regular como en la calidad de la experiencia educativa general de los estudiantes. La estrategia demostró que los programas de jornada escolar completa deben, de hecho, proporcionar una educación integral.
Las experiencias desarrolladas en la Escuela Sol, cuando se analizan en conjunto con los datos de la PeNSE sobre Belo Horizonte, revelan conexiones importantes entre la realidad nacional y el cotidiano escolar. Los comportamientos observados en los estudiantes de 6.o. grado (somnolencia, uso excesivo de celulares y dificultades para dormir) reflejan directamente lo que muestran los datos de la PeNSE (2019) sobre el crecimiento del sedentarismo entre adolescentes en la ciudad, que pasó de 37,5% en 2009 a 64,1% en 2019.
La situación de los estudiantes de la Escuela Sol ilustra una interesante paradoja identificada en los datos de Belo Horizonte: la ciudad ocupa el séptimo lugar nacional en estudiantes activos, pero el puesto 23 en comportamiento sedentario. En la práctica, esto significa que los mismos estudiantes que realizan actividades fÃsicas en la escuela pasan muchas horas en casa usando dispositivos electrónicos. Este patrón fue evidente en las conversaciones con los estudiantes: participan en deportes y otras actividades en la escuela, pero al llegar a casa "se quedan en el celular hasta tarde".
El cambio en los hábitos de consumo de medios documentado por la investigación nacional (una reducción de 20 puntos porcentuales en el tiempo dedicado a la televisión y un aumento de 26,6 puntos en el sedentarismo) también se manifiesta en la escuela.
Los estudiantes no reportaron ver mucha televisión, sino usar intensivamente sus celulares, especialmente en la noche. Esta migración hacia dispositivos móviles plantea desafÃos distintos para las familias y para la escuela, ya que son más difÃciles de controlar y regular.
La intervención educativa desarrollada con los estudiantes de 6.o. grado mostró que es posible generar conciencia entre los jóvenes sobre la relación entre sus hábitos y su desempeño escolar. Cuando expliqué de forma sencilla cómo el sueño inadecuado afecta la memoria, cómo el uso excesivo de pantallas interfiere en la calidad del descanso y cómo una alimentación deficiente reduce la energÃa para estudiar y hacer ejercicio, muchos estudiantes lograron hacer conexiones con sus propias experiencias. A pesar de tener mayor conciencia sobre los problemas, muchos estudiantes manifestaron dificultades para cambiar sus hábitos en casa. Frases como "no puedo cambiar, yo soy asÃ" revelan que el cambio de comportamiento depende de factores que van más allá del conocimiento, incluyendo el apoyo familiar, la organización de la rutina doméstica y el control del acceso a dispositivos electrónicos.
La experiencia con los estudiantes más pequeños (de 3.o. a 5.o. grado) ofrece una perspectiva diferente sobre cómo la escuela puede impactar el bienestar de los estudiantes. La simple inclusión de periodos de descanso entre las actividades del PEI y las clases regulares resultó en mejoras inmediatas y visibles. Los estudiantes llegaban a las clases de la tarde más dispuestos, menos irritables y con mejor capacidad de concentración.
Esta intervención fue eficaz porque abordó directamente una necesidad biológica de los niños en esta franja etaria. A los 8-10 años, aún están desarrollando su capacidad de autorregulación y necesitan ritmos diferenciados de actividad y descanso. Al reconocer y atender esta necesidad, la escuela logró optimizar el aprovechamiento tanto de las actividades del PEI como de la enseñanza regular.
La comparación entre los dos casos sugiere que diferentes grupos etarios requieren estrategias distintas. Con los adolescentes, el enfoque educativo y la concientización demostraron ser importantes, aunque con ciertas limitaciones. Con los niños más pequeños, las modificaciones en la organización de la rutina tuvieron un impacto más directo e inmediato. Esto indica que la escuela necesita desarrollar un repertorio diverso de estrategias adecuadas a las caracterÃsticas de cada grupo.
Los datos sobre alimentación en Belo Horizonte (donde la ciudad lidera a nivel nacional en el consumo de legumbres y verduras) contrastan con algunas observaciones en la escuela. Aunque la alcaldÃa ofrece comidas de calidad, no todos los estudiantes aprovechan adecuadamente esta oferta. Algunos eligen opciones menos saludables, incluso teniendo disponibles alternativas mejores. Esta situación demuestra que ofrecer buenas condiciones es importante, pero no suficiente si no se realiza un trabajo educativo sobre la importancia de esas elecciones. La cuestión de la imagen corporal, en la que Belo Horizonte presenta datos preocupantes (puesto 25 a nivel nacional), no fue abordada directamente en las intervenciones, pero puede estar relacionada con los comportamientos de desánimo observados en algunos estudiantes.
El trabajo de concientización sobre el autocuidado (incluyendo sueño, alimentación y ejercicio) puede contribuir indirectamente a una relación más saludable con el propio cuerpo.
Las experiencias relatadas también evidencian la necesidad de formación especÃfica para los docentes que trabajan temas relacionados con el estilo de vida en la escuela. Fue necesario buscar conocimientos sobre fisiologÃa del sueño, neurociencia del aprendizaje y desarrollo infantil que no hacen parte de la formación tradicional del profesorado. Esta brecha debe ser considerada en los programas de formación inicial y continua.
Otro aspecto importante es que los problemas identificados no pueden ser resueltos únicamente por la escuela. El uso excesivo de dispositivos electrónicos por parte de niños, niñas y adolescentes es una cuestión social más amplia que requiere acciones coordinadas entre escuela, familia, salud pública e incluso polÃticas de regulación tecnológica. La escuela puede generar conciencia y crear condiciones favorables, pero el cambio efectivo depende de transformaciones en el entorno familiar y social.
La experiencia con la reorganización de la rutina escolar muestra que la educación integral no se trata solo de aumentar el tiempo en la escuela, sino de cualificar ese tiempo. Pequeñas modificaciones en la organización de las actividades pueden tener grandes impactos en el bienestar y el aprovechamiento de los estudiantes. Esto sugiere que programas como el PEI necesitan atención constante a la calidad de la experiencia ofrecida, no solo a la cantidad de actividades.
Finalmente, estas experiencias contribuyen a comprender mejor los desafÃos contemporáneos de la educación. La escuela actual debe enfrentar cuestiones que no existÃan hace algunas décadas, como el uso problemático de tecnologÃas digitales por parte de niños, niñas y adolescentes. Las estrategias tradicionales de enseñanza necesitan ser repensadas para abordar estos nuevos desafÃos, pero siempre considerando que la escuela es solo uno de los actores involucrados en la formación de las nuevas generaciones.
Las experiencias muestran que es posible desarrollar prácticas educativas que contribuyan a estilos de vida más saludables, pero también evidencian que esto requiere un esfuerzo conjunto entre escuela, familia y sociedad. La escuela mantiene un papel importante en la concientización y en la creación de oportunidades, pero la transformación efectiva de los hábitos de vida depende de cambios más amplios en la organización social y familiar.
Las experiencias pedagógicas desarrolladas en la Escuela Sol, analizadas en conjunto con los datos de la PeNSE sobre Belo Horizonte, revelan conexiones importantes entre los problemas identificados en investigaciones nacionales y las dificultades observadas en el dÃa a dÃa escolar. El aumento del sedentarismo, el uso excesivo de dispositivos electrónicos y los problemas de sueño se manifiestan directamente en la vida escolar a través de la somnolencia, el desánimo y el bajo rendimiento académico.
Las intervenciones realizadas demostraron que la escuela puede ser un espacio efectivo para la concientización y el cambio, aunque con alcances especÃficos. La estrategia educativa con los estudiantes de 6.o. grado mostró que es posible aumentar la conciencia de los adolescentes sobre las relaciones entre los hábitos de vida y el desempeño escolar. Cuando comprendieron cómo el sueño inadecuado afecta la memoria o cómo el uso excesivo de pantallas perjudica el descanso, muchos lograron establecer conexiones con sus propias experiencias.
Sin embargo, la concientización no fue suficiente para promover cambios duraderos cuando los factores determinantes se encuentran en el entorno familiar. Incluso estudiantes que comprendieron los problemas reportaron dificultades para modificar hábitos fuera del ámbito escolar, lo que indica que la transformación efectiva requiere acciones que trasciendan el espacio educativo.
La experiencia con los estudiantes más pequeños ofrece una perspectiva complementaria. La reorganización de la rutina escolar, incluyendo periodos de transición y descanso, tuvo impactos inmediatos en el bienestar y el rendimiento de los estudiantes. Esta experiencia demuestra que modificaciones estructurales simples pueden ser muy efectivas cuando se ajustan a las necesidades de cada grupo etario.
El contraste entre las experiencias sugiere que diferentes grupos requieren enfoques diferenciados: los adolescentes responden mejor a estrategias educativas, mientras que los niños se benefician más de modificaciones en la organización del entorno. Una conclusión fundamental es que la calidad de la experiencia educativa es más determinante que la simple ampliación del tiempo escolar.
El trabajo evidenció vacÃos en la formación docente para abordar cuestiones relacionadas con el estilo de vida, demandando conocimientos sobre fisiologÃa y desarrollo que tradicionalmente no hacen parte de la formación de los profesores. También demostró que los desafÃos contemporáneos no pueden ser enfrentados exclusivamente por la escuela, requiriendo acciones coordinadas entre distintos sectores de la sociedad.
A pesar de las limitaciones inherentes a un relato de experiencia en un contexto especÃfico, las prácticas desarrolladas contribuyen al debate sobre el papel de la escuela en la promoción de la salud integral de los estudiantes. Demuestran que intervenciones pedagógicas bien fundamentadas pueden generar una diferencia significativa en el bienestar de niños, niñas y adolescentes.
Para los educadores, las experiencias sugieren la importancia de desarrollar una mirada atenta a las necesidades integrales de los estudiantes y reconocer que pequeñas modificaciones organizativas pueden tener grandes impactos. Para los formuladores de polÃticas, indican la necesidad de enfoques integrados e inversión en la formación de profesionales capacitados.
Las experiencias reafirman el potencial transformador de la educación cuando se desarrolla con intencionalidad y sensibilidad frente a las necesidades de los estudiantes. Aunque la escuela no puede resolver por sà sola todos los problemas sociales contemporáneos, mantiene un papel crucial en la formación de ciudadanos más conscientes y saludables. La construcción de una educación que promueva efectivamente estilos de vida saludables requiere un esfuerzo colectivo que involucre a educadores, familias, gestores públicos y a la sociedad en general, representando las experiencias relatadas pasos pequeños pero significativos en esa dirección.
*Universidade Federal de Minas Gerais, PPGIEL, namuetcha.bh@gmail.com
Citación APA:
Silva Ricardo, N. (2026). Cuando la escuela abraza la vida: prácticas pedagógicas para el bienestar integral de niños, niñas y adolescentes. En De Souza Martins, M., & Posada-Bernal, S. (Coord.), Reflexiones sobre los estilos de vida en el contexto escolar (pp. 75-95). Editora ACODESI. https://acodesi.co/reflexiones-sobre-los-estilos-de-vida-en-el-contexto-escolar

Namuetcha Silva Ricardo*
El contenido de este texto aborda un tema que atraviesa el dÃa a dÃa de todos nosotros como seres humanos: se trata del estilo de vida que adoptamos, que nos es enseñado o incluso impuesto. El estilo de vida se refiere a los hábitos de alimentación, sueño, práctica de ejercicios y/o actividades fÃsicas, relaciones sociales, en fin, a todo aquello que compone nuestra relación con el mundo y nuestra forma de existir. La Organización Mundial de la Salud, a partir del concepto de salud adoptado en 1948 y de las discusiones sobre vida saludable (World Health Organization, 1999), nos permite comprender el término "estilo de vida" como una forma general de vivir basada en la interacción entre las condiciones de vida en un sentido amplio y los patrones individuales de conducta determinados por factores socioculturales y caracterÃsticas personales. Esta comprensión se relaciona con enfoques más recientes de la medicina sobre la salud, los cuales trabajan desde una perspectiva integral, entendiendo que como seres humanos estamos integrados al medio ambiente (social, cultural y polÃtico), factores que atraviesan nuestra existencia e influyen en nuestra salud; dentro de esta misma perspectiva se encuentra el estilo de vida.
Cada vez más, el cuidado del estilo de vida ha sido tema de estudios, discusiones y reflexiones académicas y sociales. Las razones para este creciente interés son diversas y complejas. Desde el inicio de la vida, ya se establecen las "reglas" y directrices sobre el estilo de vida considerado adecuado. El recién nacido debe dormir un número determinado de horas al dÃa, alimentarse en intervalos especÃficos, recibir estÃmulos de manera estructurada. Existe, por tanto, un verdadero manual de conductas, cuyo objetivo es que, desde el comienzo de la vida, este sujeto comience a desarrollar un estilo de vida, preferiblemente saludable.
Tener un estilo de vida saludable no se restringe únicamente a cuestiones alimentarias, aunque estas sean fundamentales. Se cree que a través de él se evitarán comportamientos considerados desviados o moralmente condenables por la sociedad. Al fin y al cabo, la lógica predominante sugiere que quien se alimenta bien seguramente dormirá mejor, tendrá disposición para realizar actividades y ejercicios fÃsicos, presentará mejor rendimiento académico, no consumirá alcohol ni drogas ilÃcitas, y utilizará menos los sistemas de salud, sean públicos o privados. Son innumerables, por tanto, las razones que se presentan para justificar el incentivo al llamado estilo de vida saludable desde el nacimiento.
Pero ¿y cuando esto no ocurre? ¿Y cuando las condiciones socioeconómicas, culturales y estructurales para alcanzar el estilo de vida considerado saludable están fuera del alcance real de una familia o individuo? En este contexto, surge una cuestión fundamental: ¿podrÃa la escuela ser un espacio privilegiado para construir aprendizajes significativos sobre este tema?
La propuesta aquà no es abordar el tema únicamente desde una perspectiva teórica (a veces poco accesible y comprensible, como suele aparecer en los libros de texto) sino de forma empÃrica, práctica y contextualizada. Entonces, ¿cómo puede la escuela contribuir efectivamente a esta reflexión crÃtica sobre estilos de vida y bienestar estudiantil? Para responder a estas preguntas, es fundamental comprender que la escuela, como institución social, posee caracterÃsticas únicas que la convierten en un entorno privilegiado para intervenir en los estilos de vida. A diferencia de otros espacios sociales, la escuela ofrece acceso universal, una permanencia prolongada de los estudiantes y la posibilidad de realizar acciones sistemáticas y continuas. Además, es en el ambiente escolar donde niños, niñas y adolescentes pasan gran parte de su tiempo activo, realizando no solo actividades de aprendizaje, sino también de alimentación, socialización y, en algunos casos, descanso.
Que la escuela es un espacio de múltiples vivencias es un hecho conocido; sin embargo, los lÃmites que puede alcanzar quizás no estén del todo claros. A veces son delineados, imaginados o soñados, pero la dimensión y el alcance que pueden tener las prácticas escolares ciertamente aún escapan al conocimiento de todos.
En el contexto brasileño, la escuela asume un papel aún más estratégico cuando se considera el perfil socioeconómico de la población estudiantil y las desigualdades sociales que caracterizan al paÃs. Según datos del Instituto Brasileño de GeografÃa y EstadÃstica (IBGE), una parte significativa de los estudiantes brasileños proviene de familias con limitaciones económicas que afectan directamente sus posibilidades de acceso a una alimentación adecuada, ambientes propicios para el descanso y prácticas regulares de actividad fÃsica. En este escenario, la escuela muchas veces se configura como el principal, y en ocasiones el único, espacio donde estos niños, niñas y adolescentes pueden acceder a condiciones favorables para el desarrollo de hábitos saludables.
En Brasil, el ingreso a la escuela es obligatorio a partir de los cuatro años de edad cumplidos. La educación básica obligatoria dura 14 años, divididos en: educación infantil (2 años); educación fundamental (9 años); y educación media (3 años). Esta permanencia prolongada en el entorno escolar, que puede superar una década en la vida de una persona, representa una ventana de oportunidad única para implementar prácticas sistemáticas de promoción de la salud y el bienestar. Es durante este perÃodo que se consolidan muchos de los hábitos que acompañarán al individuo a lo largo de su vida, incluyendo patrones alimentarios, rutinas de sueño y actitudes frente a la actividad fÃsica. Reconociendo esta potencialidad, diversas polÃticas públicas educativas han buscado ampliar no solo el tiempo de permanencia de los estudiantes en la escuela, sino también diversificar las experiencias ofrecidas en este espacio.
Además de la educación básica obligatoria, algunos municipios también ofrecen educación en jornada completa, como es el caso de Belo Horizonte, capital del estado de Minas Gerais. En cuanto a la legislación municipal especÃfica sobre educación integral en Belo Horizonte, se destaca la Ley Ordinaria n.o. 8.432 de 2002, que establece la implementación de la jornada escolar de tiempo completo en la educación fundamental en instituciones municipales. A partir de esta ley, en 2007 se instituyó el Programa Escuela Integrada en las escuelas de Belo Horizonte.
El Programa Escuela Integrada (PEI) de Belo Horizonte es una polÃtica pública de educación integral implementada desde 2007 en la Red Municipal de Educación, presente en las 176 escuelas de educación fundamental del municipio (Prefeitura de Belo Horizonte, s.f.). Su objetivo principal es ampliar la jornada escolar diaria para promover una formación integral de los estudiantes en múltiples dimensiones: cognitiva, fÃsica, social, emocional, cultural y polÃtica.
Para las familias de los estudiantes que participan en el PEI, hay un incremento de aproximadamente 4 horas diarias en el tiempo de permanencia del estudiante en la escuela, tiempo durante el cual participa en talleres deportivos, artÃsticos, además de experiencias de ocio y recreación.
Sin embargo, es importante reconocer que la simple ampliación del tiempo escolar no garantiza automáticamente la mejora de los hábitos relacionados con el estilo de vida de los estudiantes. La efectividad de programas como el PEI depende de una serie de factores, incluyendo la calidad de las actividades ofrecidas, la formación de los profesionales involucrados, la adecuación de la infraestructura fÃsica y la articulación con las familias y la comunidad. Además, persisten desafÃos relacionados con lo que ocurre en el tiempo en que los estudiantes no están en la escuela, especialmente en lo que respecta a los patrones de sueño y las decisiones alimentarias tomadas en el entorno familiar.
Ante este escenario, se vuelve fundamental investigar de qué manera iniciativas como el Programa Escuela Integrada impactan en la realidad de los estudiantes atendidos. Este texto presenta reflexiones sobre las experiencias vividas durante la atención del PEI en una escuela municipal de la ciudad de Belo Horizonte.
Este texto constituye un relato de experiencia pedagógica desarrollada durante mi actuación como monitora en el Programa Escuela Integrada de una escuela municipal de Belo Horizonte, con el objetivo de compartir prácticas vividas que contribuyen a la mejora del estilo de vida de los estudiantes en el entorno escolar.
El concepto del término estilo de vida está directamente relacionado con el concepto de salud. En un enfoque contemporáneo, ambos términos se refieren a la constitución integral de la vida, es decir, a que todo en nuestra existencia está interconectado.
No es posible entender la salud únicamente como enfermedad o dolencia; es necesario comprender que estar saludable o no está vinculado con las relaciones que mantenemos, el entorno en el que vivimos, las personas con quienes nos relacionamos y, aún más, con los sentimientos que experimentamos en medio de todo ello. Dentro de este mismo paradigma se encuentra el estilo de vida. El término cobra mayor sentido cuando se acompaña del adjetivo saludable, es decir, estilo de vida saludable, que en el lenguaje común remite a comportamientos socialmente aceptables: alimentación balanceada, práctica regular de actividad fÃsica, ausencia de consumo de drogas ilÃcitas, buenas relaciones sociales, formación educativa, entre otros requisitos.
Sin embargo, cuando dirigimos la mirada hacia poblaciones especÃficas, como niños, niñas y adolescentes, ese concepto idealizado de estilo de vida saludable presenta complejidades particulares que merecen especial atención. La infancia y la juventud representan perÃodos de intensas transformaciones biológicas, psicológicas y sociales, en los cuales los patrones de comportamiento están en constante construcción y negociación. En esta etapa de la vida, el estilo de vida no es únicamente una cuestión de decisiones individuales, sino que también refleja presiones sociales, influencias tecnológicas, limitaciones económicas familiares y procesos de construcción identitaria que hacen de este tema algo aún más relevante y desafiante.
Teniendo en cuenta que gran parte de la infancia y la juventud de niños, niñas y adolescentes brasileños se vive dentro de las escuelas, es necesario considerar la influencia que este espacio tiene sobre el estilo de vida de estos sujetos. Reconociendo la importancia de la escuela en la vida de los estudiantes, el Ministerio de Salud, en alianza con el Instituto Brasileño de GeografÃa y EstadÃstica (IBGE) y en colaboración con el Ministerio de Educación (MEC), inició en 2009 la Encuesta Nacional de Salud del Escolar (PeNSE), una investigación periódica que se ha realizado desde entonces, con nuevas ediciones en 2012, 2015, 2019 y 2024. Los datos correspondientes al año 2024 aún no están disponibles para el público; sin embargo, los resultados de los años anteriores sà lo están y ofrecen información importante y compleja para contextualizar el estilo de vida.

Figura 1. Investigación PeNSE, IBGE - Brasil - Nota. IBGE (2022).
En la figura anterior presenta el esquema visual de la investigación realizada. La publicación del año 2022 reunió los resultados de las primeras ediciones; las conclusiones presentadas fueron elaboradas a partir de la comparación entre los datos recolectados en cada edición, compartiendo tanto aspectos positivos como negativos dentro del panorama general. Cabe resaltar que, aunque no se trata de una investigación dirigida especÃficamente a conocer el estilo de vida de los estudiantes, los elementos que la componen pueden ser utilizados para caracterizarlo.
Uno de los aspectos más preocupantes se refiere a la percepción corporal de los estudiantes. Entre 2009 y 2019, aumentó el número de estudiantes insatisfechos con su propio cuerpo: la proporción de quienes se consideraban gordos o muy gordos pasó de 17,5% a 23,2%, mientras que la de quienes se consideraban delgados o muy delgados pasó de 21,9% a 28,6%, según los resultados, el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que se consideran delgados(as) o muy delgados(as), por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2022). Estos datos revelan cómo las cuestiones relacionadas con la autoimagen y la autoestima se han intensificado entre los jóvenes, aspectos fundamentales para el bienestar psicológico y que influyen directamente en el desarrollo de un estilo de vida equilibrado.
En el ámbito de la seguridad y la violencia, los datos muestran escenarios alarmantes que impactan directamente el dÃa a dÃa escolar. El porcentaje de escolares que sufrieron agresión fÃsica por parte de un adulto de la familia aumentó progresivamente: de 9,4% en 2009 a 11,6% en 2012 y 16,0% en 2015 (IBGE, 2022). Paralelamente, se duplicó el porcentaje de escolares que faltaron al menos un dÃa a clases por no sentirse seguros en el trayecto o en la escuela: de 8,6% en 2009 a 17,3% en 2019, donde los resultados muestran que el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica, entre quienes viajaron en el asiento delantero como pasajeros, que nunca o rara vez usaron el cinturón de seguridad en los 30 dÃas anteriores a la encuesta, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2022). Estos indicadores demuestran cómo la violencia, tanto doméstica como en el entorno escolar, se ha convertido en un factor determinante en las experiencias educativas de los adolescentes brasileños.
En cuanto a los comportamientos sexuales y reproductivos, los datos evidencian cambios en los patrones entre géneros. El porcentaje de escolares que ya han tenido relaciones sexuales pasó de 27,9% en 2009 a 28,5% en 2019, manteniéndose relativamente estable; en este sentido el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que han tenido relaciones sexuales alguna vez, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2022). No obstante, se observan tendencias distintas por género: en los niños, la proporción disminuyó de 40,2% a 34,6% en el perÃodo, mientras que en las niñas aumentó de 16,9% a 22,6% (IBGE, 2022).
Más preocupante aún es la reducción en el uso de preservativos: entre 2009 y 2019, el porcentaje de escolares que usaron condón en su última relación sexual cayó de 72,5% a 59%. Entre las niñas, la disminución fue de 69,1% a 53,5%, y entre los niños, de 74,1% a 62,8% (IBGE, 2022).
En lo que respecta al consumo de sustancias, los datos muestran tendencias contradictorias. La proporción de estudiantes que fumaron cigarrillos al menos uno o dos dÃas en los 30 dÃas previos a la encuesta disminuyó de 16,8% en 2009 a 13,1% en 2019, donde el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que han fumado cigarrillos alguna vez en la vida, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2022). Por otro lado, la experimentación de bebidas alcohólicas aumentó de 52,9% en 2012 a 63,2% en 2019, siendo este incremento más pronunciado entre las niñas, que pasaron de 55% en 2012 a 67,4% en 2019 (IBGE, 2022). Para los niños, el indicador pasó de 50,4% en 2012 a 58,8% en 2019 (IBGE, 2022). Adicionalmente, la experimentación o exposición al uso de drogas aumentó de 8,2% en 2009 a 12,1% en 2019 (IBGE, 2022).
El análisis de los resultados de la investigación demuestra que los estudiantes, en general, viven en un mundo de inestabilidades y cambios constantes en su estilo de vida, lo que refuerza la necesidad de implementar medidas progresivas dentro de las instituciones educativas, sin importar su naturaleza.
Según el último censo poblacional realizado por el Instituto Brasileño de GeografÃa y EstadÃstica en 2022, la ciudad de Belo Horizonte cuenta con una población de 2.315.560 personas. De ese total, el grupo etario de niños, niñas y adolescentes era de 452.963 personas menores de 15 años (19,07% de la población total). Dentro de este grupo, el censo identificó que el 98% de quienes tenÃan entre 6 y 14 años estaban escolarizados en instituciones públicas y privadas (IBGE, 2022).
De acuerdo con el censo escolar de 2024, la mayorÃa de los estudiantes de educación básica en la capital de Minas Gerais están matriculados en colegios privados, con 183.028 estudiantes (37% de las matrÃculas), superando a las redes municipal (32,7%) y estatal (29,3%) (IBGE, 2024). No obstante, la atención educativa ofrecida por la alcaldÃa sigue siendo destacada a nivel nacional, especialmente en lo que respecta a la jornada escolar completa. En el año 2025, según datos de la SecretarÃa Municipal de Educación de Belo Horizonte, se registró un aumento de 8.000 a 14.000 cupos en educación infantil en jornada completa, lo que representa un incremento del 70% (SecretarÃa Municipal de Educación de Belo Horizonte, 2025).
El Instituto Brasileño de GeografÃa y EstadÃstica, a través de la Encuesta Nacional de Salud del Escolar (PeNSE), obtuvo resultados importantes en las capitales brasileñas, lo que permitió realizar un análisis continuo entre los años 2009 y 2019 sobre diversos aspectos de la salud. A continuación, se presentan datos relacionados con componentes del estilo de vida de estudiantes de instituciones públicas y privadas de la ciudad de Belo Horizonte (IBGE, 2019).
Comenzamos con los datos relacionados con la alimentación escolar. Según el informe de la investigación, Belo Horizonte alcanzó resultados notables en el consumo de alimentos considerados indicadores de una alimentación saludable. La ciudad lidera el ranking nacional en el consumo de legumbres y verduras, con un 44,0% de estudiantes que consumen estos alimentos cinco dÃas o más por semana en 2019, un porcentaje significativamente superior al promedio nacional de 29,7%. Esta diferencia de 14,3 puntos porcentuales posiciona a Belo Horizonte como una ciudad destacada entre las 33 capitales analizadas; de este modo el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que realizan sus comidas simultáneamente con otras actividades, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2019).
En cuanto al consumo de frutas frescas, la capital de Minas Gerais ocupa el segundo lugar a nivel nacional, con un 34,0% de estudiantes que mantienen un consumo regular, en comparación con el promedio de 28,4% en las demás capitales. De manera similar, en el consumo de frÃjol, alimento tradicionalmente importante en la dieta brasileña, Belo Horizonte también se ubica en el segundo lugar, con un 69,2% de estudiantes que lo consumen regularmente, mientras que el promedio nacional es de 53,9% (IBGE, 2019).
Estos datos son de suma importancia, ya que representan un panorama de un elemento fundamental en el estilo de vida. Sabemos que la alimentación, junto con otros factores responsable del rendimiento y desarrollo fÃsico, cognitivo y mental de los estudiantes. Como señalan los estudios de Osita (2024), una buena nutrición promueve la salud y el bienestar óptimos, además de contribuir al desarrollo mental y cognitivo adecuado. Por el contrario, la desnutrición, que incluye la subnutrición, deficiencia de vitaminas o minerales, sobrepeso u obesidad, afecta negativamente el desarrollo fÃsico y mental de los niños. A nivel global, la desnutrición causa más muertes que la violencia, los desastres naturales y otras enfermedades. Puede provocar retraso en el crecimiento (baja estatura), emaciación (bajo peso para la estatura) y desnutrición aguda grave en niños (Osita, 2024).
Una dieta saludable, rica en vegetales y frutas, está asociada con una mejor salud mental y bienestar (Orlando et al., 2014). Por el contrario, los patrones alimentarios no saludables, ricos en grasas saturadas, carbohidratos refinados y alimentos procesados, están vinculados a peores resultados en salud mental. La desnutrición puede derivar en manifestaciones de problemas de salud mental como estrés, depresión, ansiedad y otros trastornos debilitantes. Los niños desnutridos son más propensos a presentar problemas emocionales (Orlando et al., 2014).
Estudios han demostrado que la nutrición tiene un impacto significativo en la salud mental y el bienestar de los niños en edad escolar (Black et al., 2020). Para optimizar los resultados en salud mental infantil, el acceso a alimentos saludables y nutritivos es crucial.
A la luz de los datos y referencias presentados, se evidencia claramente que la alimentación dentro y fuera de las escuelas debe ser observada con atención, ya que influirá en el comportamiento fÃsico, mental y emocional de los estudiantes.
Los resultados relacionados con la ciudad de Belo Horizonte muestran un panorama importante que debe ser considerado en futuras investigaciones, con el fin de comprender la asociación e incluso la correlación con aspectos como la capacidad de aprendizaje y la disposición para realizar actividades de diversas naturalezas.
Otro aspecto evaluado por el informe fue el consumo o la experimentación de sustancias ilÃcitas (drogas) por parte de adolescentes. El análisis de los datos de la PeNSE sobre el uso de otras drogas (exceptuando alcohol y tabaco) revela que Belo Horizonte presenta una situación preocupante en el contexto nacional, ocupando posiciones desfavorables en la mayorÃa de los indicadores relacionados con la experimentación y el uso precoz de sustancias ilÃcitas entre estudiantes de 9.o. grado (IBGE, 2019).
En 2019, Belo Horizonte ocupó el puesto 19 entre las 27 capitales brasileñas tanto en el porcentaje de estudiantes que habÃan consumido drogas alguna vez en la vida (13,6%) como en el uso precoz de estas sustancias a los 13 años o menos (7,1%), con esto el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que han consumido drogas alguna vez en la vida, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2019). Esta posición sitúa a la capital de Minas Gerais dentro del grupo de ciudades con mayores Ãndices de experimentación de drogas, superando el promedio nacional de las capitales, que fue de 12,1% para consumo en la vida y 5,8% para consumo precoz (IBGE, 2019).
El consumo de drogas por parte de adolescentes es una realidad que cobra cada vez más fuerza en el contexto nacional, y va en contravÃa de los múltiples intentos por frenar esta práctica. Charlas y programas como el Programa Educativo de Resistencia a las Drogas y la Violencia (PROERD), realizado por la policÃa militar en diversas escuelas brasileñas, buscan revertir esta situación que, lamentablemente, como lo muestran los datos, está cada vez más presente en los entornos escolares.
El uso de drogas ilÃcitas por parte de niños, niñas y adolescentes menores de 14 años está asociado a diversos impactos negativos en el desarrollo cognitivo. Estos efectos implican alteraciones en funciones mentales esenciales para el aprendizaje y el desarrollo escolar.
El consumo de sustancias como marihuana y cocaÃna compromete la capacidad de concentración y retención de información, afectando la memoria a corto plazo y la atención sostenida en tareas académicas y cotidianas. Un estudio realizado en Brasil por investigadores de la Universidad Federal de Rio Grande do Sul detectó que entre adolescentes consumidores y no consumidores de marihuana existe una diferencia considerable en el desempeño neuropsicológico (Oliveira et al., 2007), concluyendo que la marihuana puede afectar funciones cognitivas en adolescentes consumidores. Este estudio también presentó otros hallazgos, como la interferencia en la capacidad de tomar decisiones por parte de quienes consumen la droga, lo que lleva a concluir que el uso puede comprometer el rendimiento escolar.
Al asociar esta investigación con el contexto de la ciudad de Belo Horizonte hasta el año 2019, se puede discutir la necesidad de vigilancia y acciones directas dirigidas a esta población, ya que, aunque la ciudad presenta una tasa positiva de alfabetización, esta puede estar siendo afectada por factores como el consumo de drogas ilÃcitas, que limitan la capacidad pedagógica formativa de los estudiantes.
El análisis de los datos de la PeNSE sobre imagen corporal revela que Belo Horizonte enfrenta una situación crÃtica en el contexto nacional, presentando algunos de los peores indicadores de insatisfacción corporal entre adolescentes de las capitales brasileñas. La capital de Minas Gerais muestra un deterioro alarmante en la percepción corporal de los estudiantes a lo largo de la última década.
En 2019, Belo Horizonte ocupó posiciones desfavorables en la mayorÃa de los indicadores relacionados con la imagen corporal. La ciudad se ubicó en el puesto 25 entre 27 capitales en el porcentaje de estudiantes que se consideran gordos o muy gordos (25,9%), situándose entre las tres peores capitales del paÃs en este aspecto. De manera similar, ocupó el puesto 24 en el porcentaje de estudiantes que intentan perder peso (32,9%), lo que indica una alta insatisfacción corporal relacionada con el peso, donde el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que se consideran delgados(as) o muy delgados(as), por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2019).
El análisis longitudinal revela una de las tendencias más preocupantes observadas en los datos de la PeNSE. Entre 2009 y 2019, Belo Horizonte registró aumentos dramáticos en la insatisfacción corporal: el porcentaje de estudiantes que se consideran delgados o muy delgados creció 7,7 puntos porcentuales (de 20,6% a 28,3%), mientras que aquellos que se consideran gordos o muy gordos aumentaron 7,8 puntos porcentuales (de 18,0% a 25,9%). Paralelamente, el porcentaje de estudiantes que intentan perder peso creció 4,3 puntos porcentuales (de 28,6% a 32,9%) (IBGE, 2022).
Los datos de Belo Horizonte son particularmente preocupantes cuando se consideran en el contexto de la salud mental adolescente. La alta prevalencia de insatisfacción corporal (con más del 50% de los estudiantes considerándose muy delgados o muy gordos), asociada al crecimiento acelerado de estos indicadores, sugiere una crisis emergente en la autoestima y el bienestar psicológico de los jóvenes de la capital (IBGE, 2022).
La imagen corporal es un aspecto importante cuando se piensa en el estilo de vida de los estudiantes. Esta no está asociada únicamente con cuestiones de peso, sino sobre todo con la necesidad de ajustarse a patrones sociales y estéticos que definen lo aceptable o lo rechazado dentro de los cÃrculos sociales. La adolescencia es una etapa especialmente sensible frente a esta cuestión, ya que recoge los anhelos de los sujetos por ser aceptados en sus grupos sociales. Es un perÃodo de descubrimientos personales sobre cómo reconocerse dentro de una sociedad tan heterogénea, una etapa de cambios hormonales que influyen en el comportamiento y el desarrollo fÃsico, lo que lleva directamente a cuestiones de percepción de la imagen corporal.
El papel de la escuela se vuelve fundamental en este escenario. Aunque el hogar y la familia deben ser la base de esta discusión, la escuela, como espacio formador, tiene la capacidad de contribuir para que el tema se aborde de manera cotidiana en las prácticas pedagógicas.
El análisis de los datos de la PeNSE sobre comportamiento sedentario revela que Belo Horizonte presenta un perfil complejo en el contexto nacional, caracterizado por buenos indicadores de actividad fÃsica combinados con altos niveles de sedentarismo (IBGE, 2019). Esta aparente contradicción refleja un fenómeno tÃpico de la era digital en la que vivimos, donde los jóvenes practican deportes, pero también pasan largos periodos en actividades que requieren permanecer sentados.
Belo Horizonte ocupa simultáneamente el séptimo lugar a nivel nacional entre las capitales con mayor porcentaje de estudiantes activos (34,5%) y el puesto 23 en el ranking de comportamiento sedentario, con un 64,1% de estudiantes que pasan más de tres horas diarias en actividades sentadas; asà el porcentaje de escolares de 9.o. grado de educación básica que suelen realizar actividades sentados más de tres horas diarias, por sexo y dependencia administrativa de la escuela (IBGE, 2019).
El análisis longitudinal muestra uno de los cambios más significativos observados en todos los indicadores de la PeNSE. Entre 2009 y 2019, el porcentaje de estudiantes que pasan más de tres horas diarias en actividades sedentarias aumentó de 37,5% a 64,1%, lo que representa un incremento de 26,6 puntos porcentuales (IBGE, 2022).
Paralelamente al aumento del sedentarismo, se observó una reducción en el tiempo dedicado a ver televisión, que pasó de 63,0% en 2009 a 43,0% en 2019, una disminución de 20 puntos porcentuales. Esta transformación sugiere una migración del consumo de medios tradicionales (televisión) hacia otras formas de entretenimiento digital, como celulares, tabletas, computadores y videojuegos, que mantienen a los jóvenes en posición sedentaria durante largos periodos (IBGE, 2022).
El periodo analizado (2009-2019) coincide exactamente con la masificación de los dispositivos móviles y las redes sociales en Brasil. La combinación entre la reducción del consumo de televisión (-20 puntos porcentuales) y el aumento explosivo del sedentarismo (+26,6 puntos porcentuales) sugiere un cambio fundamental en los hábitos de ocio de los adolescentes, quienes han migrado hacia actividades digitales interactivas que requieren permanecer sentados por largos periodos (IBGE, 2022).
El comportamiento sedentario, al igual que la práctica de ejercicio fÃsico, corresponde a factores determinantes del estilo de vida, saludable o no. Como lo señalan los resultados de la investigación, niños, niñas y adolescentes requieren atención especial dentro de este escenario, considerando el impacto que puede tener en su proceso formativo pedagógico (IBGE, 2022). Existen diversos estudios que ya han comprobado la teorÃa de que la práctica de ejercicio fÃsico es fundamental para el proceso de aprendizaje pedagógico, especialmente en la infancia y la adolescencia.
El Programa Escuela Integrada (PEI) de Belo Horizonte constituye una de las experiencias más consolidadas de educación integral en el contexto educativo brasileño. Implementado desde 2007 en la Red Municipal de Educación de la capital de Minas Gerais, el programa representa una polÃtica pública estructural que busca promover la formación integral de los estudiantes mediante la ampliación de la jornada escolar (Prefeitura de Belo Horizonte, s.f.).
La creación del PEI se fundamenta en la Ley Ordinaria n.o. 8.432 de 2002, que establece la implementación de la jornada escolar de tiempo completo en la educación básica de las instituciones municipales de enseñanza de Belo Horizonte (Belo Horizonte, 2002). Esta legislación pionera se adelantó a las discusiones nacionales sobre educación integral, demostrando el compromiso del municipio con la ampliación de las oportunidades educativas ofrecidas a los estudiantes de la red pública.
Actualmente, el PEI está presente en las 176 escuelas de educación básica de la Red Municipal de Educación de Belo Horizonte (SecretarÃa Municipal de Educación de Belo Horizonte, 2025), configurándose como una polÃtica universal dentro del sistema municipal de enseñanza. Esta cobertura amplia representa un diferencial significativo en el contexto nacional, donde muchos programas de educación integral aún tienen carácter experimental o parcial.
El programa atiende a estudiantes desde primero hasta noveno grado de educación básica, ofreciendo una ampliación promedio de 4 horas diarias en la jornada escolar (SecretarÃa Municipal de Educación de Belo Horizonte, 2025). Esta extensión no se caracteriza únicamente como un aumento cuantitativo del tiempo de permanencia en la escuela, sino que busca proporcionar una experiencia educativa cualitativamente diferenciada, basada en los principios de la educación integral.
La concepción pedagógica del PEI se fundamenta en la idea de que la educación integral debe promover el desarrollo humano en múltiples dimensiones: cognitiva, fÃsica, social, emocional, cultural y polÃtica (Prefeitura de Belo Horizonte, s.f.).
El programa se estructura en torno a ejes formativos que incluyen acompañamiento pedagógico, deporte y recreación, derechos humanos en educación, cultura y artes, cultura digital, promoción de la salud, comunicación y uso de medios, investigación en el campo de las ciencias naturales y educación económica (SecretarÃa Municipal de Educación de Belo Horizonte, 2025). Esta diversidad de ejes busca contemplar diferentes formas de aprendizaje y expresión, reconociendo la heterogeneidad de los estudiantes y sus múltiples inteligencias.
Este trabajo se caracteriza como un relato de experiencia pedagógica, una modalidad de producción cientÃfica que se fundamenta en la sistematización y el análisis crÃtico de prácticas educativas desarrolladas en contextos reales de enseñanza.
Según Daltro y Faria (2019), el relato de experiencia constituye una herramienta importante para la investigación y reflexión sobre la práctica docente, permitiendo la construcción de conocimientos a partir de la sistematización de vivencias profesionales concretas.
Durante mi actuación como monitora en el Programa Escuela Integrada de una institución educativa municipal de Belo Horizonte, pude observar y desarrollar estrategias pedagógicas orientadas a mejorar el estilo de vida de los estudiantes. Las experiencias aquà relatadas fueron desarrolladas con dos grupos distintos de estudiantes, en momentos diferentes, y dieron lugar a intervenciones especÃficas para cada grupo etario.
Para preservar la identidad de los estudiantes involucrados, la institución será denominada "Escuela Sol", nombre ficticio adoptado para referenciar el lugar donde se desarrollaron estas prácticas.
La Escuela Sol está ubicada en la zona norte de Belo Horizonte, en el lÃmite entre uno de los barrios más exclusivos de la ciudad y sectores periféricos, lo que la convierte en un centro receptor de niños, niñas y adolescentes provenientes de diferentes clases sociales.
Durante el año lectivo de 2023, al desempeñarme como docente en el Programa Escuela Integrada de la Escuela Sol, observé comportamientos preocupantes en un grupo de sexto grado de educación básica. Los 25 estudiantes del grupo, con edades entre 11 y 12 años, mostraban un patrón constante de desánimo, baja participación en las actividades del contraturno y somnolencia excesiva durante las clases. Además, gran parte de estos estudiantes se encontraba en proceso de recuperación en las asignaturas del currÃculo básico común, lo que indicaba dificultades académicas posiblemente relacionadas con factores externos a la escuela.
Estos estudiantes asistÃan a la jornada regular en el turno de la mañana, de 7:00 a.m. a 11:20 a.m., y permanecÃan en la institución para las actividades del Programa Escuela Integrada hasta aproximadamente las 4:00 p.m. Durante el contraturno, participaban en clases de taekwondo, danza, capoeira, manualidades, educación fÃsica, judo, informática y refuerzo escolar. Sin embargo, el nivel de compromiso con estas actividades era visiblemente bajo, con estudiantes que mostraban cansancio, irritabilidad y dificultad para concentrarse.
Ante esta realidad, propuse realizar una charla grupal con el objetivo de comprender mejor la rutina fuera de la escuela de los estudiantes e identificar posibles correlaciones entre sus hábitos de vida y el comportamiento observado en el aula. La actividad se llevó a cabo en un ambiente acogedor, durante el horario destinado al refuerzo escolar, y contó con la participación de una monitora del programa.
Inicié la conversación con preguntas informales, buscando crear un ambiente de confianza donde los estudiantes pudieran expresar libremente sus hábitos. Al preguntar "¿Qué hacen cuando no están en la escuela?", las respuestas fueron sorprendentemente similares: "Veo televisión" "duermo",, "me quedo en el celular hasta tarde". Estas fueron las respuestas más frecuentes, revelando un patrón de comportamiento centrado en el consumo pasivo de medios y el uso excesivo de dispositivos electrónicos.
Luego pregunté sobre los horarios de sueño: "¿A qué hora suelen dormir?". La respuesta tÃpica fue: "¡Ah! Duermo tarde, después de medianoche. Me quedo en el celular… ". Al preguntar si no se sentÃan cansados, respondÃan: "SÃ, tengo sueño en clase, pero no puedo cambiar, soy asÃ… ". Esta afirmación reveló no solo el reconocimiento del problema, sino también una sensación de impotencia frente a la situación.
Los relatos eran notablemente similares entre todos los estudiantes. DescribÃan una rutina fuera de la escuela caracterizada por: llegada a casa después de la jornada escolar, alimentación rápida y poco estructurada, largos periodos viendo televisión o usando dispositivos móviles, y una ausencia casi total de actividades fÃsicas o de ocio estructuradas fuera del entorno escolar. Fueron pocos los casos en los que los estudiantes mencionaron practicar algún deporte o asistir a actividades extracurriculares distintas a las ofrecidas por la escuela.
Con base en los relatos recolectados, desarrollé una intervención educativa enfocada en la concientización sobre la relación entre los hábitos de vida y el rendimiento escolar. La estrategia consistió en una exposición dialogada, utilizando un lenguaje accesible para la edad del grupo, en la que expliqué las conexiones fisiológicas entre el sueño, la alimentación, la actividad fÃsica y la capacidad de aprendizaje.
Expliqué a los estudiantes que cuando no dormimos adecuadamente, nuestro cuerpo no logra descansar por completo, lo que afecta la consolidación de la memoria y la capacidad de concentración al dÃa siguiente. Discutimos cómo el uso excesivo de pantallas, especialmente antes de dormir, interfiere en la producción de melatonina, hormona responsable de regular el sueño, dificultando el proceso de conciliación del sueño y afectando la calidad del descanso.
También abordé el tema de la alimentación, explicando que cuando no nos alimentamos correctamente, nuestro cuerpo no recibe los nutrientes necesarios para generar energÃa, lo que impacta directamente nuestra capacidad para pensar, concentrarnos y participar en actividades fÃsicas. Utilicé ejemplos prácticos, comparando el cuerpo humano con un carro que necesita el combustible adecuado para funcionar bien.
En cuanto al control de impulsos y el uso de pantallas digitales, expliqué que nuestra mente necesita aprender a tener momentos de pausa y reflexión. Cuando estamos constantemente estimulados por pantallas y contenidos digitales, perdemos la capacidad de enfocarnos en una sola actividad por periodos prolongados, lo que perjudica tanto el aprendizaje como la posibilidad de disfrutar otras experiencias de vida.
Durante toda la exposición, incentivé la participación de los estudiantes, preguntando si reconocÃan estos patrones en sus propias vidas y si lograban establecer conexiones entre sus hábitos y las dificultades que enfrentaban en la escuela. La respuesta fue positiva, con varios estudiantes que manifestaron reconocer las situaciones descritas y mostraron interés en comprender mejor estas relaciones.
Después de implementar esta estrategia educativa, observé cambios graduales en el comportamiento de los estudiantes. Aunque no todos lograron modificar de inmediato sus hábitos fuera de la escuela (lo cual era esperable, considerando las limitaciones del contexto familiar), hubo una mayor conciencia sobre la relación entre estilo de vida y rendimiento escolar. Algunos estudiantes comenzaron a relatar intentos de cambiar sus rutinas de sueño, otros mostraron mayor interés en participar en las actividades fÃsicas ofrecidas por la escuela, y se evidenció un aumento general en la participación durante las discusiones sobre salud y bienestar.
En otro momento de mi actuación en el Programa Escuela Integrada, identifiqué una problemática diferente al trabajar con estudiantes de 3.o., 4.o. y 5.o. grado de educación básica. Estos estudiantes, con edades entre 8 y 10 años, presentaban dificultades especÃficas relacionadas con la transición entre las actividades del contraturno (PEI) en la jornada de la mañana y las clases regulares en la jornada de la tarde. El problema se manifestaba a través de cansancio excesivo, irritabilidad y bajo rendimiento durante las clases regulares vespertinas.
Los estudiantes de este grupo etario participaban en las actividades del Programa Escuela Integrada en la mañana, de 8:00 a.m. a 1:00 p.m., donde se ofrecÃan talleres de arte, deportes, danza, informática, manualidades y refuerzo escolar. Después del almuerzo proporcionado por la escuela, debÃan iniciar inmediatamente las clases regulares de la tarde, de 1:00 p.m. a 5:00 p.m., con las asignaturas obligatorias del currÃculo básico común brasileño.
Durante las primeras semanas de observación, noté que los estudiantes llegaban a la jornada de la tarde mostrando señales claras de fatiga mental y fÃsica. Muchos presentaban comportamientos de irritabilidad, dificultad para concentrarse y somnolencia durante las clases regulares. Los docentes del turno vespertino también reportaban dificultades para mantener la atención de los estudiantes, quienes parecÃan "desconectados" y poco receptivos a los contenidos curriculares, lo que comprometÃa significativamente el proceso de aprendizaje de las asignaturas fundamentales.
La situación era particularmente preocupante porque el turno de la tarde estaba destinado a la enseñanza regular obligatoria, incluyendo asignaturas como Lengua Portuguesa, Matemáticas, Ciencias e Historia. El bajo rendimiento en este periodo podÃa impactar directamente el desempeño académico general de los estudiantes, creando una paradoja en la que el programa diseñado para enriquecer la experiencia educativa terminaba afectando negativamente el aprovechamiento del currÃculo básico.
Considerando las caracterÃsticas de esta franja etaria, identifiqué que los estudiantes necesitaban un periodo de descanso entre las actividades matutinas del PEI y el inicio de las clases regulares de la tarde. Los niños entre 8 y 10 años aún están desarrollando su capacidad de autorregulación emocional y presentan necesidades diferenciadas de descanso, especialmente después de un periodo intenso de actividades diversas como las ofrecidas en el contraturno.
Desarrollé entonces una estrategia de intervención basada en la reorganización de la rutina escolar, incorporando periodos estructurados de descanso entre el final de las actividades del PEI (11:00 a.m.) y el inicio de las clases regulares (1:00 p.m.). Aunque el tiempo disponible era limitado (pues debÃan almorzar y recoger sus materiales guardados), era posible crear un momento de transición más adecuado a las necesidades de los estudiantes.
Para los estudiantes de 3.o. y 4.o. grado, implementé un periodo de 30 a 45 minutos de "tiempo de transición tranquila" justo después del almuerzo. Este periodo se desarrollaba en un ambiente preparado especÃficamente para facilitar el cambio de ritmo: una sala con iluminación tenue, música instrumental suave de fondo, colchonetas disponibles para quienes quisieran acostarse (incluso si no lograban dormir, el acto de acostarse y relajarse era promovido). Las actividades ofrecidas incluÃan relajación guiada, donde conducÃa ejercicios simples de respiración; momentos de lectura silenciosa, donde los estudiantes podÃan escoger libros de su interés; y actividades manuales tranquilas como dibujo libre, plastilina o juegos de construcción que no exigieran alta concentración.
Durante este periodo, orienté a los estudiantes sobre la importancia de "preparar la mente para aprender" después de un periodo de actividades más dinámicas. Les expliqué, en un lenguaje adecuado a su edad, que, asà como nuestro cuerpo necesita momentos de calma después del ejercicio fÃsico, nuestra mente también necesita tiempo para reorganizarse antes de enfocarse en actividades que requieren mayor concentración, como las asignaturas del turno regular.
Para los estudiantes de 5.o. grado, considerando su mayor madurez y diferentes necesidades, ofrecà también periodos de 30 a 45 minutos de "preparación para las clases" con mayor autonomÃa en la elección de actividades. Estos estudiantes podÃan optar por descansar, conversar, prepararse con calma para el siguiente turno, o leer, escribir, dibujar, según lo que estuviera más relacionado con su contexto y bienestar. El enfoque era menos directivo, permitiendo que los propios estudiantes identificaran qué tipo de actividad les ayudaba a prepararse mejor para las clases regulares.
Los resultados observados fueron significativos y se evidenciaron desde la primera semana de implementación. Los estudiantes llegaban a las clases regulares mostrando mayor disposición para participar en las actividades curriculares, con niveles visiblemente reducidos de irritabilidad y conflictos entre compañeros.
Los docentes del turno vespertino reportaron una mejora significativa en el ambiente del aula y mayor facilidad para desarrollar los contenidos curriculares.
Observaron que los estudiantes se mostraban más receptivos a las propuestas pedagógicas, participaban más activamente en las discusiones en clase y presentaban mejor desempeño en la realización de actividades escritas y ejercicios prácticos.
Además, noté que los estudiantes comenzaron a desarrollar mayor conciencia sobre sus propias necesidades de regulación emocional y energética. Muchos empezaron a verbalizar cuando se sentÃan muy "agitados" después de las actividades del PEI y a buscar estrategias adecuadas para calmarse antes de las clases. Algunos desarrollaron preferencias especÃficas por ciertos tipos de actividades de transición, demostrando mayor
autoconocimiento sobre sus ritmos personales y necesidades individuales.
El impacto positivo también se reflejó en el aprovechamiento de las propias actividades del PEI. Al saber que tendrÃan un momento de descanso antes de las clases regulares, los estudiantes se permitÃan mayor compromiso en los talleres matutinos, participando con más entusiasmo en actividades fÃsicas y creativas, sin la preocupación de quedar "muy cansados" para las clases de la tarde.
Esta experiencia evidenció la importancia de considerar el proceso de cada franja etaria, además de las necesidades individuales de cada estudiante. La simple incorporación de un periodo corto pero estructurado de transición entre actividades de diferentes naturalezas resultó en una mejora tanto en el aprovechamiento de la enseñanza regular como en la calidad de la experiencia educativa general de los estudiantes. La estrategia demostró que los programas de jornada escolar completa deben, de hecho, proporcionar una educación integral.
Las experiencias desarrolladas en la Escuela Sol, cuando se analizan en conjunto con los datos de la PeNSE sobre Belo Horizonte, revelan conexiones importantes entre la realidad nacional y el cotidiano escolar. Los comportamientos observados en los estudiantes de 6.o. grado (somnolencia, uso excesivo de celulares y dificultades para dormir) reflejan directamente lo que muestran los datos de la PeNSE (2019) sobre el crecimiento del sedentarismo entre adolescentes en la ciudad, que pasó de 37,5% en 2009 a 64,1% en 2019.
La situación de los estudiantes de la Escuela Sol ilustra una interesante paradoja identificada en los datos de Belo Horizonte: la ciudad ocupa el séptimo lugar nacional en estudiantes activos, pero el puesto 23 en comportamiento sedentario. En la práctica, esto significa que los mismos estudiantes que realizan actividades fÃsicas en la escuela pasan muchas horas en casa usando dispositivos electrónicos. Este patrón fue evidente en las conversaciones con los estudiantes: participan en deportes y otras actividades en la escuela, pero al llegar a casa "se quedan en el celular hasta tarde".
El cambio en los hábitos de consumo de medios documentado por la investigación nacional (una reducción de 20 puntos porcentuales en el tiempo dedicado a la televisión y un aumento de 26,6 puntos en el sedentarismo) también se manifiesta en la escuela.
Los estudiantes no reportaron ver mucha televisión, sino usar intensivamente sus celulares, especialmente en la noche. Esta migración hacia dispositivos móviles plantea desafÃos distintos para las familias y para la escuela, ya que son más difÃciles de controlar y regular.
La intervención educativa desarrollada con los estudiantes de 6.o. grado mostró que es posible generar conciencia entre los jóvenes sobre la relación entre sus hábitos y su desempeño escolar. Cuando expliqué de forma sencilla cómo el sueño inadecuado afecta la memoria, cómo el uso excesivo de pantallas interfiere en la calidad del descanso y cómo una alimentación deficiente reduce la energÃa para estudiar y hacer ejercicio, muchos estudiantes lograron hacer conexiones con sus propias experiencias. A pesar de tener mayor conciencia sobre los problemas, muchos estudiantes manifestaron dificultades para cambiar sus hábitos en casa. Frases como "no puedo cambiar, yo soy asÃ" revelan que el cambio de comportamiento depende de factores que van más allá del conocimiento, incluyendo el apoyo familiar, la organización de la rutina doméstica y el control del acceso a dispositivos electrónicos.
La experiencia con los estudiantes más pequeños (de 3.o. a 5.o. grado) ofrece una perspectiva diferente sobre cómo la escuela puede impactar el bienestar de los estudiantes. La simple inclusión de periodos de descanso entre las actividades del PEI y las clases regulares resultó en mejoras inmediatas y visibles. Los estudiantes llegaban a las clases de la tarde más dispuestos, menos irritables y con mejor capacidad de concentración.
Esta intervención fue eficaz porque abordó directamente una necesidad biológica de los niños en esta franja etaria. A los 8-10 años, aún están desarrollando su capacidad de autorregulación y necesitan ritmos diferenciados de actividad y descanso. Al reconocer y atender esta necesidad, la escuela logró optimizar el aprovechamiento tanto de las actividades del PEI como de la enseñanza regular.
La comparación entre los dos casos sugiere que diferentes grupos etarios requieren estrategias distintas. Con los adolescentes, el enfoque educativo y la concientización demostraron ser importantes, aunque con ciertas limitaciones. Con los niños más pequeños, las modificaciones en la organización de la rutina tuvieron un impacto más directo e inmediato. Esto indica que la escuela necesita desarrollar un repertorio diverso de estrategias adecuadas a las caracterÃsticas de cada grupo.
Los datos sobre alimentación en Belo Horizonte (donde la ciudad lidera a nivel nacional en el consumo de legumbres y verduras) contrastan con algunas observaciones en la escuela. Aunque la alcaldÃa ofrece comidas de calidad, no todos los estudiantes aprovechan adecuadamente esta oferta. Algunos eligen opciones menos saludables, incluso teniendo disponibles alternativas mejores. Esta situación demuestra que ofrecer buenas condiciones es importante, pero no suficiente si no se realiza un trabajo educativo sobre la importancia de esas elecciones. La cuestión de la imagen corporal, en la que Belo Horizonte presenta datos preocupantes (puesto 25 a nivel nacional), no fue abordada directamente en las intervenciones, pero puede estar relacionada con los comportamientos de desánimo observados en algunos estudiantes.
El trabajo de concientización sobre el autocuidado (incluyendo sueño, alimentación y ejercicio) puede contribuir indirectamente a una relación más saludable con el propio cuerpo.
Las experiencias relatadas también evidencian la necesidad de formación especÃfica para los docentes que trabajan temas relacionados con el estilo de vida en la escuela. Fue necesario buscar conocimientos sobre fisiologÃa del sueño, neurociencia del aprendizaje y desarrollo infantil que no hacen parte de la formación tradicional del profesorado. Esta brecha debe ser considerada en los programas de formación inicial y continua.
Otro aspecto importante es que los problemas identificados no pueden ser resueltos únicamente por la escuela. El uso excesivo de dispositivos electrónicos por parte de niños, niñas y adolescentes es una cuestión social más amplia que requiere acciones coordinadas entre escuela, familia, salud pública e incluso polÃticas de regulación tecnológica. La escuela puede generar conciencia y crear condiciones favorables, pero el cambio efectivo depende de transformaciones en el entorno familiar y social.
La experiencia con la reorganización de la rutina escolar muestra que la educación integral no se trata solo de aumentar el tiempo en la escuela, sino de cualificar ese tiempo. Pequeñas modificaciones en la organización de las actividades pueden tener grandes impactos en el bienestar y el aprovechamiento de los estudiantes. Esto sugiere que programas como el PEI necesitan atención constante a la calidad de la experiencia ofrecida, no solo a la cantidad de actividades.
Finalmente, estas experiencias contribuyen a comprender mejor los desafÃos contemporáneos de la educación. La escuela actual debe enfrentar cuestiones que no existÃan hace algunas décadas, como el uso problemático de tecnologÃas digitales por parte de niños, niñas y adolescentes. Las estrategias tradicionales de enseñanza necesitan ser repensadas para abordar estos nuevos desafÃos, pero siempre considerando que la escuela es solo uno de los actores involucrados en la formación de las nuevas generaciones.
Las experiencias muestran que es posible desarrollar prácticas educativas que contribuyan a estilos de vida más saludables, pero también evidencian que esto requiere un esfuerzo conjunto entre escuela, familia y sociedad. La escuela mantiene un papel importante en la concientización y en la creación de oportunidades, pero la transformación efectiva de los hábitos de vida depende de cambios más amplios en la organización social y familiar.
Las experiencias pedagógicas desarrolladas en la Escuela Sol, analizadas en conjunto con los datos de la PeNSE sobre Belo Horizonte, revelan conexiones importantes entre los problemas identificados en investigaciones nacionales y las dificultades observadas en el dÃa a dÃa escolar. El aumento del sedentarismo, el uso excesivo de dispositivos electrónicos y los problemas de sueño se manifiestan directamente en la vida escolar a través de la somnolencia, el desánimo y el bajo rendimiento académico.
Las intervenciones realizadas demostraron que la escuela puede ser un espacio efectivo para la concientización y el cambio, aunque con alcances especÃficos. La estrategia educativa con los estudiantes de 6.o. grado mostró que es posible aumentar la conciencia de los adolescentes sobre las relaciones entre los hábitos de vida y el desempeño escolar. Cuando comprendieron cómo el sueño inadecuado afecta la memoria o cómo el uso excesivo de pantallas perjudica el descanso, muchos lograron establecer conexiones con sus propias experiencias.
Sin embargo, la concientización no fue suficiente para promover cambios duraderos cuando los factores determinantes se encuentran en el entorno familiar. Incluso estudiantes que comprendieron los problemas reportaron dificultades para modificar hábitos fuera del ámbito escolar, lo que indica que la transformación efectiva requiere acciones que trasciendan el espacio educativo.
La experiencia con los estudiantes más pequeños ofrece una perspectiva complementaria. La reorganización de la rutina escolar, incluyendo periodos de transición y descanso, tuvo impactos inmediatos en el bienestar y el rendimiento de los estudiantes. Esta experiencia demuestra que modificaciones estructurales simples pueden ser muy efectivas cuando se ajustan a las necesidades de cada grupo etario.
El contraste entre las experiencias sugiere que diferentes grupos requieren enfoques diferenciados: los adolescentes responden mejor a estrategias educativas, mientras que los niños se benefician más de modificaciones en la organización del entorno. Una conclusión fundamental es que la calidad de la experiencia educativa es más determinante que la simple ampliación del tiempo escolar.
El trabajo evidenció vacÃos en la formación docente para abordar cuestiones relacionadas con el estilo de vida, demandando conocimientos sobre fisiologÃa y desarrollo que tradicionalmente no hacen parte de la formación de los profesores. También demostró que los desafÃos contemporáneos no pueden ser enfrentados exclusivamente por la escuela, requiriendo acciones coordinadas entre distintos sectores de la sociedad.
A pesar de las limitaciones inherentes a un relato de experiencia en un contexto especÃfico, las prácticas desarrolladas contribuyen al debate sobre el papel de la escuela en la promoción de la salud integral de los estudiantes. Demuestran que intervenciones pedagógicas bien fundamentadas pueden generar una diferencia significativa en el bienestar de niños, niñas y adolescentes.
Para los educadores, las experiencias sugieren la importancia de desarrollar una mirada atenta a las necesidades integrales de los estudiantes y reconocer que pequeñas modificaciones organizativas pueden tener grandes impactos. Para los formuladores de polÃticas, indican la necesidad de enfoques integrados e inversión en la formación de profesionales capacitados.
Las experiencias reafirman el potencial transformador de la educación cuando se desarrolla con intencionalidad y sensibilidad frente a las necesidades de los estudiantes. Aunque la escuela no puede resolver por sà sola todos los problemas sociales contemporáneos, mantiene un papel crucial en la formación de ciudadanos más conscientes y saludables. La construcción de una educación que promueva efectivamente estilos de vida saludables requiere un esfuerzo colectivo que involucre a educadores, familias, gestores públicos y a la sociedad en general, representando las experiencias relatadas pasos pequeños pero significativos en esa dirección.
*Universidade Federal de Minas Gerais, PPGIEL, namuetcha.bh@gmail.com
Citación APA:
Silva Ricardo, N. (2026). Cuando la escuela abraza la vida: prácticas pedagógicas para el bienestar integral de niños, niñas y adolescentes. En De Souza Martins, M., & Posada-Bernal, S. (Coord.), Reflexiones sobre los estilos de vida en el contexto escolar (pp. 75-95). Editora ACODESI. https://acodesi.co/reflexiones-sobre-los-estilos-de-vida-en-el-contexto-escolar